viernes, 25 de noviembre de 2016

Todos vivimos de la vida de nuestros hermanos, de la vida de los demás

Por Luis C. García Correa
Vivimos de la vida de nuestros hermanos y, algunas veces, parece que les consideramos, peyorativamente hablando, como primos.
Nadie es absolutamente autónomo e independiente de los demás.
Somos y vivimos necesitando, imperiosamente, del concurso y de la ayuda de los demás.
No ayudar a los demás es un pecado personal y social.
La interdependencia que todos tenemos tiene mucho más valor que el económico y no se puede pagar con dinero. Esa necesidad de los demás, y los demás de nosotros, no se retribuye ni se paga con dinero.
El dinero es un  medio pero no un fin, y quien lo tergiversa y lo convierte en un fin camina, certero, a la desgracia de amar el dinero y de necesitar tener mucho dinero, lo que le produce una ansiedad que va en aumento y termina por dominarle. Entonces nos olvidamos de los demás y somos unos esclavos de ese dinero, y por ese dinero, al mismo tiempo, oprimimos.
El rico dominado por el dinero es una persona equivocada, pero siempre digna de compasión, como todo ser humano, y debemos pedir por ellas y por ellos. Son personas que no pueden vivir la amistad, el consuelo, la alegría ni la plena felicidad, porque el dinero atenaza y asfixia, y para respirar necesitan ganar más dinero, y así hasta la muerte que es el final más real y verdadero. A esa muerte que les llegará se enfrentan con desesperación al ver que no se pueden llevar nada, absolutamente nada, a la otra vida de todo lo que en esta vida les ha dominado: han dedicado su vida y sus ilusiones y esfuerzo a no sé qué otras cosas vinculadas al dinero o que tienen la riqueza como fin.
Quizá cometamos el grave error de no considerar y agradecer la ayuda de los demás, de lo mucho que recibimos de ellos a diario o de forma esporádica, y no les expresamos nuestro agradecimiento.
Tratemos de corresponder y agradecer los beneficios, ayudas y demás buenas obras que nos hacen los demás y seamos conscientes de que los necesitamos para nuestra felicidad.
Vivimos con y de la vida de nuestros hermanos, esperemos darnos cuenta y tratar de corresponder con agradecimiento y por honestidad.
Nadie vive sin necesitar la ayuda de los demás. Ni los demás sin nuestra ayuda.

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