miércoles, 15 de febrero de 2017

Creer en los demás

Por Luis C. García Correa
Debemos creer en los demás por fe y por educación, pero también por amor, por lealtad y por fidelidad.
Creer en los demás debería ser la forma de vivir y de actuar con los demás.
Se vive y se cree en los demás cuando el amor a los demás fortalece la honestidad, la fidelidad y la libertad.
Vivir sin lealtad, sin honestidad, y sin libertad es mal vivir, es decir, caminar hacia el mal, salvo que se luche y se consiga cambiar el rumbo y el comportamiento, y se trate de mantener el bien y alejar el mal porque creemos y queremos ayudar a los demás.
Hay valores que se heredan (y se transmiten) y que deben crecer a lo largo de la vida. Esos valores nos impulsan a ser honestos y fieles a los demás.
Creer en los demás debería ser lo normal, lo habitual, lo natural.
Quien no cree en los demás debe de estar sumido, consumido y arrastrado por el mal.
Quien no cree en los demás es un descreído, una persona desconfiada y probablemente inclinada hacia al mal.
Es muy difícil que con honestidad, lealtad, y fidelidad no se crea en los demás.
Creer en los demás nos debe mover a hacer el bien si mirar a quien.
Hacer el bien sin mirar a quien es lo que hicieron los santos, a quienes debemos imitar, para aprender y fortalecer nuestro camino hacia santidad.
Creer a priori en los demás debe ser por fe y por creer en la honestidad de los demás.
Creer en los demás nos lleva al bien, y a compartir la alegría y el bien de y con los demás.
Quien no es fiel, leal y honesto es difícil que crea en los demás.
Creer en los demás exige amor, fidelidad y honestidad.
Creer en los demás nos pone en el camino de la santidad.
Creer en los demás es cimiento de la felicidad de ellos y nuestra.
Creer en los demás es parte fundamental del amor y de la lealtad.

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