viernes, 17 de febrero de 2017

La solidaridad y el solidario

Por Luis C. García Correa
Hoy escribo sobre la solidaridad porque me preocupa la carretera de acceso y salida de los vecinos del Pueblo de La Aldea de San Nicolás, en mi isla de Gran Canaria, España.
Y me hago la siguiente pregunta: ¿cómo puedo ayudar a los Aldeanos? Porque quiero y necesito ser consecuente, y por tanto solidario, y hacer algo por mis conciudadanos de La Aldea.
Por favor, ayúdenme y díganme, ¿en qué puedo ayudar a los Aldeanos? Gracias y un fuerte abrazo.
      
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No me gusta hablar de la solidaridad en abstracto, porque siempre se corre el riesgo de vaciar de contenido esta palabra. Existen las personas solidarias: personas honestas que sienten como propios los problemas de los demás.
Empiezo a ser solidario cuando identifico las necesidades de quienes están a mí alrededor, y cuando pienso que detrás de esas necesidades hay seres humanos. En la medida que crece mi amor por los demás, aumenta mi solidaridad.
El egoísta es insolidario por definición. El egoísmo arrebata y arrolla el amor, es decir, inhabilita para pensar en los demás.
La solidaridad auténtica es el amor en plenitud.
Quien ama con pasión es solidario con amor.
Benditos las personas solidarias: son una bendición para sus familias, para sus amigos y vecinos, para su Patria. Porque la solidaridad se desarrolla sobre el amor de los demás. Y porque la solidaridad es contagiosa.
Ahora bien, es cierto: de la misma manera que la solidaridad se contagia, también se contagia la insolidaridad.
Anatema a quien no es solidario, porque su egoísmo lo ciega y no es capaz de ver más allá de su propio yo.
La solidaridad es hacer el bien, con hechos, contantes y sonantes, a favor de los demás.
Quien ayuda a los demás es solidario, no egoísta, y es un ejemplo para su familia, sus amigos y para la sociedad.
La solidaridad engrandece el alma y el corazón, ensancha las ansias y deseos de ayudar, y nos convierte en portadores del bien en la búsqueda y lucha por el bien de los demás.
Benditos las personas solidarias, porque en ellas se desarrolla el bien y lo reparten a los demás.
Benditas las personas solidarios, porque son el ejemplo que tenemos que imitar.

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