viernes, 24 de febrero de 2017

Regir los destinos del pueblo

Por Luis C. García Correa
Regir los destinos del pueblo es una de las mayores alegrías, honores y responsabilidades que podemos tener los seres humanos.
Alegría de poder ser útil y servir a la comunidad.
Honor porque pocos los hay mayores que servir para ayudar.
Responsabilidad de hacer lo que el pueblo pide y necesita con el mayor esmero, rapidez, honestidad y fidelidad.
Regir los destinos de los pueblos debe ser, a mi leal entender y saber, por haber sido elegido por elección de la mayoría, sin sumas de otras ofertas minoritarias por muy legítimas que sean.
Las mayorías son simples. En mi opinión, sumar minorías para tener mayoría es ir en contra del orden de la mayoría.
¿Cómo pueden unas minorías regir los destinos de la mayoría? A mi leal  saber, entender y creer, nunca las minorías, ni sus sumas, deben gobernar a la mayoría. Pero a veces no es claro cómo es esa mayoría.
Que se exija que haya una mayoría del total, me parece bien. Lo que no entiendo es que minorías que no representan a la mayoría gobiernen y rijan los destinos de ese pueblo.
Regir el destino de nuestro pueblo es ser elegido por mayoría y dedicar cuerpo, alma, voluntad y honestidad, y con plena y total dedicación, las veinticuatro horas del días en servir a la comunidad.
Regir el destino de nuestro pueblo es vivir en completa y total unión y armonía con nuestro pueblo, para saber en todo momento lo que ese pueblo quiere y necesita, y no estar gobernando con criterios propios, por muy buena voluntad que se tenga y muy bueno o inteligente que se pueda ser.
Regir los destinos de nuestro pueblo es ser su servidor, con total y absoluta lealtad, fidelidad y honestidad, no solo a la mayoría que ha elegido, sino a la totalidad de la ciudadanía.
Regir los destinos de nuestro pueblo es alcanzar el gran reto y responsabilidad de administrar los casi sagrados bienes de la comunidad -siempre en plena armonía con ese pueblo que se gobierna- y no con criterios personales o caprichos o decisiones tomadas sin contar con quienes se administra.
Regir honestamente los destinos de nuestro pueblo -y en comunión con ese pueblo- es vivir la meta y la responsabilidad a la que se debe llegar por elección y por mayoría.
Regir los destinos de nuestro pueblo es la cota mayor a la que se puede llegar por honestidad, lealtad y fidelidad.

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