jueves, 27 de abril de 2017

´La pala llegó a Tamaraceite


LPDLP. Este miércoles ha comenzado el derribo de los viejos Bloques de Tamaraceite. Una reivindicación que se remonta al siglo pasado y que parece que va viendo luz en el desierto de este barrio capitalino asediado por centros comerciales y viviendas y con escasas infraestructuras. Un sinvivir para la buena gente de los Bloques ya que el horizonte para la reposición total de las 354 viviendas sociales, aunque tras años de demoras, esperas y desesperaciones, parece que está cada vez más cerca. Aunque esta reivindicación se remonta a 1997, la concejalía de Vivienda del Ayuntamiento capitalino en el año 2008 ya se marcaba el mes de enero de 2009 como la fecha más probable para el inicio de las obras que iban a acabar con uno de los núcleos con más necesidades de la ciudad, como ocurriera con El Polvorín. Pero no todo fue tan rodado como vaticinaba la concejala de Vivienda del momento, Chani Ruiz, que aseguró por aquel entonces que el impulso definitivo a este proyecto de reposición tendría lugar en septiembre de 2008 cuando se reuniera la comisión bilateral Canarias-Estado, que debiera acordar un nuevo Plan de Vivienda para las Islas. Uno de los proyectos estrella de ese Plan era la reposición de Tamaraceite, para la que el alcalde por aquellos años, Jerónimo Saavedra, obtuvo el compromiso de la ministra de Vivienda, Beatriz Corredor, para financiarlo. Eso quedó en un espejismo ya que el objetivo que durante 2009 se comenzara la construcción de las 114 viviendas de reposición que se iban a levantar en otros puntos del barrio ya que, como pasó con El Polvorín, las actuales 354 no se van a poder reubicar donde están actualmente al pasar de contar 40 metros cuadrados cada una a 70 metros. 


Tamaraceite, desde los años 50 del pasado siglo empieza a crecer sin planificación urbanística alguna, calles estrechas, sin vías principales, ni zonas verdes, callejones sin salida, calles laberínticas, etc. En los años 60 surgen los Bloques o Casas Baratas, con la necesidad de nuevas viviendas en la ciudad. La Administración crea el Patronato Francisco Franco y se van construyendo bloques de viviendas, de apenas 40 metros cuadrados y cuatro plantas de altura. Estas viviendas, que en principio iban a ser destinadas para la gente más humilde del pueblo, ya que el solar donde se construyeron había sido donado para ese fin, acceden personas de la ciudad, algunos de ellos procedentes de las cuevas de Mata. La gente de Tamaraceite se movilizó ante tal acontecimiento, no porque no quisieran que viniera gente de fuera, sino porque la condición de la donación de los terrenos no se había respetado. Un grupo de vecinos fue a hablar con el Gobernador Civil y como siempre Tamaraceite ha sido un pueblo solidario con la ciudad, se permitió que el 50% de las viviendas fuera para la gente de otros barrios y el resto para los pobres de Tamaraceite. Esto originó que en Tamaraceite se acentuaran las necesidades sociales de los habitantes de nuestro pueblo, ya de por sí gente humilde y trabajadora que apenas podía llegar a final de mes. 


En todos estos años no hemos visto ni un proyecto, salvo el Parque de la Mayordomía, que al final se quedó en medio parque con la construcción de dos campos de fútbol y que se cargó literalmente el proyecto inicial de ser uno de los parques urbanos más grandes de Canarias. Salvo esto y la rehabilitación de la Carretera General a comienzos de este siglo en la época de Soria como alcalde y una guardería y la piscina municipal, no hemos visto más que perder zonas de cultivo y espacios libres y crecer en número de viviendas, zonas comerciales como la reciente en Tamaraceite Sur y asfalto. Seguimos con el mismo centro de salud, los mismos centros educativos de antaño, el mismo centro cívico y con un par de parques infantiles irrisorios. 



Esperemos que este derribo sea el comienzo del fin de este calvario que más de 300 familias y muchas de ellas trabajadoras, han tenido que pasar durante todo este tiempo. Porque este sufrimiento, ilusiones rotas, mentiras o medias verdades, no hay médico que las cure. Pero esperemos que esto no debe quede así, ya que no solo consiste en cambiar unas viviendas por otras y una ubicación por otra. A esta gente, a la gente de mi barrio, y a mucha honra, hay que dotarla de lo necesario para vivir dignamente, como cualquier otro vecino de la ciudad, ni más ni menos.

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