jueves, 21 de febrero de 2013

Al macanazo

Por: Antonio Domínguez

Por lo visto tenía  yo razón (le sonó la flauta al borrico) al elaborar pequeña opinión del pensamiento genuino; porque ahora han visto y han venido a afirmar los colaboradores de Punset, (la élite de la cientificidad) que es de más valor una intuición que una razón; el cerebro libera cuando actúa rápida y desenfadadamente huellas mnémicas que no sabe nadie de donde proceden, pero que solucionan situaciones que al parecer por cualquier otro proceso psíquico resultaría imposible o muchísimo peor. Parece Ser que domina muy mal el hombre los distintos conceptos que llevan a una misma solución ayudándose, porque le falta capacidad al cerebro para ello, de las huellas mnémicas. Que si no heredadas (las huellas) sí son heredadas las redes neuronales, por donde entran como un ciclón de aire caliente, las psicologías afines a los genes familiares; y sea por una cosa o por otra parimos de la preñez cubierta (embarazada) por nuestros antepasados parentescos reales. Esto no falla como el apellido al que pudo dilapidar una antepasada nuestra, a saber, ¿tras un bardo de tuneras?, ¿en medio de bosquecillo? Radica la buena inteligencia en elegir un factor (el mejor, y es cuestión de acierto) y desde ahí se penetra más contundentemente que si se embrolla y vacila para tomar esa decisión de la que nunca se estará seguro; porque no interviene la intuición del pensamiento genuino; sino que interviene el pensamiento burdo, su conocimiento y su razón; y todo lo inteligible que no sirve para nada en el momento de tomar una determinación ya que esta solo procede de huellas mnémicas milenarias.
Vienen a la vida con la estructura del cerebro y se les fortifica a través de la visión del mundo (que viene a ser lo mismo que se dice arriba) y según se vea el mundo conforme a genética y forma de mirar dará la –su- habilidad, por eso es tan difícil o imposible disuadir las cargas mnémicas de un santo, como las de un criminal.

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