jueves, 14 de febrero de 2013

Idea en bruto y puede que bruta.

Por: Antonio Domínguez

Sin tener en cuenta quien lo haga y solo mirando el resultado que acepto si se ciñe a la lógica, estoy de acuerdo y me identifico hasta la connivencia escalofríica,  totalmente, por el que, aunque chico, siempre será penetrante, e impresionante el análisis de nuestros modos de ser hacer y estar; muy grande será siempre, si está basamentado (el análisis) en la propia contundencia de los hechos sin cabriolas innecesarias en la argumentación. Que no dé ninguna facilidad a polémicas controverseadas. Esa es la forma exquisita desde la independencia intelectual, ante la cual, aun por muchas ganas de rebatirla que suscite, aun por iracundia que fomente, aun por mortificaciones que nos produzca, nos quite el sueño, debe ser aceptado manos al aire (el análisis). Es verdad que podemos inflamarnos las entendederas por estar permanentemente buscando, el: ¿cómo podrán neutralizarse y zafarse de esa lectura veraz, los que no quieren entender de lo que en verdad fue aquello? ¡Que muele el mundo para abono (y de ello el desatento no se escapa) a todo ser que no se ha molestado mirando la forma de “crecer”!, aunque sea lo más mínimo, ¡¡ni aun en lo más mínimo!!
No encontrarán una sola vía los que no tienen dinero para ello; -que es el único que todo arregla-, porque no la hay nunca, contra la total connivencia constatada de los hechos reflejados en el espejo de la verdad, inamovible de lo que “allí” sucedió.
Claro, hay que decir inmediatamente por la aparente animadversión y maledicencia, que “allí” no se lanzaron micros ni móviles, ni relojes grandes como cebollas en aquellos parlamentos, reuniones, manifestaciones, protestas. Allí ocurrió de lo primero a lo último que ocurre exactamente igual en cualquier parlamento, trifulca o manifestación del mundo: El que sabe más intenta fastidiar, joder -y lo consigue- al que sabe menos, que es de lo que se trata. Las demás consideraciones huelgan por los fueros de la huida; obviando problema concreto proclive a “hacer sangre”; por los fueros de la vida que sean de “hacerse sangre”; intercambiados ya los cromos entre el suceso y lo evitable: que es lo único que se puede considerar evitar a priori. Pero ello no le quita nada a nuestro modo de ser o mirar;  a la visión del juicio exacto de lo que allí aconteció.  Es su labor inventarse el hecho, porque estas tesis son espectrales y valen para todo. 

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