viernes, 26 de abril de 2013

Agradecimiento



Por: Luis C. García Correa y Gómez
Quiero dejar constancia escrita de mi agradecimiento a Doña Carmen Guerra, Concejala Delegada del Distrito Tamaraceite, San Lorenzo, Tenoya, del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, por el maravilloso homenaje que organizó con ocasión de mi nombramiento como "Vecino Ilustre". También quiero dar las gracias a todos los que asistieron, así como a todos los que, aunque quisieron, no pudieron hacerlo, como bien dijo mi amigo Vicente Antonio Díaz Melián.
No me siento capaz de narrar el acto, de describir las emociones, de resumir las palabras que se dijeron sobre mi persona (...) etc. Solo puedo decir que se grabó en mi alma un recuerdo que sentiré eternamente.
Es de bien nacido ser agradecido. Mi familia y un servidor lo estaremos sin límite de cantidad, de calidad y de duración.
¿Qué es para mí el agradecimiento?
Una maravillosa y bella forma de relacionarnos con Dios y con los hombres.  Es un modo de rezar a Dios y de hacer más grata la convivencia.
Para los católicos, la Sagrada Eucaristía es la mayor acción de gracias que podemos ofrecer al Señor.
Agradecer es una forma de manifestar la fe en los demás, y demostrarles el amor, tratando de ser humilde.
La ingratitud es  uno de los pecados que lastran al ser humano.
Cuando hayamos cruzado la Frontera del Más Allá, comprobaremos lo mucho que le debemos a tantas personas, y que, en su momento, no supimos apreciar ni agradecer. O que no pudimos agradecerlo, porque no conocíamos el que nos hacían tantas mujeres discretas y tantos hombres discretos.
El agradecimiento exige atención.
El agradecimiento se olvida cuando se apaga la fe en Dios y la confianza en los hombres.
“Ni un vaso de agua que deis en mi nombre quedará sin su recompensa”
El agradecimiento fortalece la amistad, eleva el alma y reconforta al que la recibe como al que la da.
Sin la virtud del agradecimiento, la convivencia es muy difícil.
Sólo puedo decir: ¡gracias! ¡muchísimas gracias! Estoy tan agradecido que el pago se aleja de mis posibilidades humanas. Por eso recurro a la ayuda divina: a Padre Dios le pido, en este momento y siempre, la plena felicidad y la plena libertad para todos Ustedes.
Necesito quererles aún más, necesito ser mejor con todos y con cada uno. Es la única forma de agradecer lo que no puedo pagar.
Gracias. Que Padre Dios y su Madre la Virgen Santísima les bendiga, a Ustedes, a sus familias, a sus amigos y a sus vecinos. Yo lo hago teniéndoles siempre en mi alma, en mi corazón y en mis oraciones.
Gracias de parte de este pobre  esperanzado y eterno agradecido.

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