martes, 23 de abril de 2013

¡Le llaman progreso! Y somos culpables

Por: Luis C. García Correa y Gómez

Se contamina y se destruye justificándolo como progreso o bienestar.
¿Cómo es posible que admitamos semejante daño y dislate?
Las lluvias o no las hay o son torrenciales. El viento se ha acelerado a velocidades inimaginables. Hay donde no había.
Volamos hacia una destrucción del medio ambiente de forma huracanada.
La tierra –llamado Planeta Azul- que heredamos, la estamos dejando casi inservible, es cuestión de tiempo y lo será.
La velocidad a la que vamos es tan acelerada que me impide ver y calcular. ¿Ver el desastre que se avecina es progreso y es desarrollo caminar hacia un mundo inhabitable?¿De qué me vale tener tecnología si no me sirve para sobrevivir? Las próximas generaciones nos maldecirán, y con razón. ¿Qué les estamos dejando?
Los vientos y las lluvias destruyen cultivos y hasta las obras creadas por nosotros. Pregúntenles a los norteamericanos. Aún hay campos inundados y ciudad bajo el agua.
Las ciudades costeras desaparecerán.
Los perversos nos están dominando y son el origen y causa de gran parte del mal. La otra es nuestra culpa. Ellos son más ricos en dinero y poder, pero navegamos en el mismo barco. Están y estamos contribuyendo, directamente, a la masacre, y contra nosotros mismos. ¡No va a haber dinero suficiente para pagar el tener una vida natural en este Planeta! Y nosotros sus cómplices, ya sea por pasotismo o individualismo. ¿Hasta cuándo? ¿Estamos ya en el punto de no retorno? Nos ahogaremos juntos en los recursos de ellos.
Me siento impotente, malhumorado y decepcionado. Si no fuera por las creencias religiosas y mi amor apasionado por el ser humano, ya hubiera tirado la toalla. Esto no es un lamento, es un grito desgarrador, de angustia y dolor. Destrucción de las ilusiones y de las esperanzas, cuando existe solución. Seguiré gritando en el desierto, pero seguiré. Mi conciencia me obliga y aunque el tremendo desastre me arrastra, me
agarraré al árbol que, arrancado por el huracán, flota arrastrado por el río tormentoso de la destrucción y contaminación.
El sol se me está obscureciendo y solo me queda la luz de la esperanza y de la conciencia humana.
¿Cómo puedo influir para que se pare esta hecatombe? Si hay alguien que lo sepa, que lo diga, POR FAVOR Y POR DIOS.
Conseguiremos parar y comenzar a restaurar el daño causado.
Espero con angustia pero con fe en la humanidad -que aún no la he perdido–, que  podamos tener lo que hemos tenido, un Planeta maravilloso y habitable.
Reitero: no olvidemos que todos, por activa o por pasiva, contribuimos.
No sólo son responsables los perversos, lo somos nosotros también, a nuestra medida. Pero los somos.
Creo ciegamente en el ser humano y en su conciencia, apelo a ellas, para el bien de todos -incluidos los perversos– y tengamos el mundo que nos merecemos, por el progreso de la honesta participación y de la libertad.

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