domingo, 26 de mayo de 2013

Carta al Viento: La hierba crece de noche

Por: Jesús Vega Mesa

Aclaro, antes de que me denuncien por plagio, que el título lo he copiado del admirado escritor Martín Descalzo. Una amiga, Fanny, me lo recordó hace unos días a propósito de algunos hechos que la hicieron reflexionar. Y de la mala experiencia de escuchar a tantos que no tienen abuela, pobrecitos, y se pasan el día contando lo buenos que son, lo que el mundo les debe, lo que la gente les quiere, la cantidad de cosas que han hecho por el pueblo y  por la Iglesia y por la familia. ¡Nunca podremos pagar a esta gente todo lo que han hecho y hacen por nosotros! Eso al menos es lo que ellos piensan.
La televisión es una fuente inagotable de hombres y mujeres, famosillos de siempre o famosillos de un día, que, ante las cámaras, aprovechan para pregonar al mundo lo maravillosos que son. Martín Descalzo, el autor de “Un cura se confiesa”, hablaba de la hierba que no necesita fanfarronear de sus virtudes y, modestamente, crece de noche porque no necesita que la vean ni que le digan lo importante que es.
Tengo un buen amigo lleno de virtudes que, sin embargo, adolece   también de un notable defecto. Cuando hace algo,  y es verdad que tiene ideas muy valiosas, necesita el aplauso o la alabanza de los demás. Y como se alimenta de elogios, continuamente los está reclamando.  Cuando realiza algo nuevo, siempre pregunta tu opinión esperando, por supuesto, la respuesta que a él le sube la autoestima. Cuando uno le responde que le ha gustado mucho, aunque no haya sido tanto, él vuelve a preguntarlo porque necesita  afianzar y dejar claro lo inteligente, bueno o ingenioso que es: ¿Entonces te gustó esto que escribí o dibujé o lo que dije? Y uno, con falsa diplomacia, vuelve a decirle que sí, que le quedó perfecto, aunque esté pensando por dentro que  le hubiera quedado mucho mejor si tuviera más humildad.
Por eso me molesta que, encima, a la gente presumida se le dé tanta cancha en los medios de comunicación y se diga tan poco de quienes trabajan y hacen cosas por los demás, calladamente, como la hierba. Hay miles de hombres y mujeres que sí merecerían ser reconocidos porque están trabajando desinteresadamente por el barrio, la escuela  o la parroquia. O porque están cuidando día y noche a su hijo enfermo o a sus abuelos ya mayores. Y sin embargo, a la gente sencilla y buena en pocas ocasiones se les dedica un minuto en los medios de comunicación para dar a conocer lo que hacen sin alharacas.  A  veces se califica como “héroe” a un determinado deportista porque marcó el gol de la victoria. No es correcto. Héroe hay que llamar, por ejemplo,  a la abuela que está sacando  adelante a tres nietos y una hija sólo con una pensión de cuatrocientos euros. Pero claro, la abuela, como la hierba, crece de noche, en silencio, humildemente.
Héroes son muchos maestros, curas, médicos, padres de familia o periodistas que, a pesar de los recortes y la situación económica,  multiplican  sus esfuerzos, para ofrecer la misma atención, la misma calidad y el mismo cariño sin necesitar el halago de nadie. Que trabajan en la oscuridad sin pretender ser ejemplo para nadie.  No necesitan ni buscan el halago pero tampoco merecen las descalificaciones  que a veces se profieren contra ellos. Cuando un enfermero o un médico se equivoca o trata con desconsideración al paciente, aparecen enseguida los profesionales de la crítica para arremeter contra  todo el colectivo. Cuando un cura mete la pata, las redes sociales  echan fuego contra Iglesia, frailes obispos y quien se tercie olvidando que hay una mayoría silenciosa que está donde hay que estar, haciendo todo lo bueno que puede.
Es lo que pasa con la hierba. Que crece de noche. Que no busca protagonismo. Y encima la pisan. Mi reconocimiento a toda la buena hierba que crece calladamente en el silencio de nuestras noches.

2 comentarios:

Tino Torón dijo...

Dón Jesús: Ante todo quiero imitar esa sonrisa interior y exterior que nos ilumina a su paso y en cada artículo, con esa luz de buena voluntad despertamos cada mañana haciendo frente a lo bueno y a lo malo.
Lleva Vd.la llama del amor por donde quiera que pasa y la sigo, eso es lo que siento.
Un abrazo

Jesús Vega Mesa dijo...

Gracias, Tino. Tú siempre tan positivo y animador. Siempre recordado con afecto.