sábado, 13 de julio de 2013

La sabia iletrada

Por: Pedro Domínguez Herrera
Hace unos diez o doce  años, una mujer muy mayor, rozando los noventa, con pañuelo negro en la cabeza, de igual color el traje de desgastada y sufrida tela, con veladuras oxidadas, que junto con el personaje parecía, que también lo era, como venido de la antigüedad, se paró en mi puerta. Era época de Navidad y las gentes influenciadas por las felicitaciones, regalos y matanzas del cerdo; los más tenían sonrisa de totorotas y ni se percataron de que la anciana me llamó para que saliera, con la intención de que los presentes no se enteraran de sus cosas y evitarse el bochorno. Mirándome a los ojos me pidió doscientas pesetas. Me dijo: -Cuando cobre la pensión se las devuelvo- Estaba enterado, que el nieto para que le diera dinero para droga, la mandaba a pedir. Aún sabiendo en destino del préstamo no me pude negar, porque su mirada que llegaba a el alma, de cientos de años, llena de sentimiento y sabiduría, de aquella mujer analfabeta. Me sentí mal, no queriendo prestar en adelante dinero para este menester, le dije que la cantidad era pequeña y que no me la devolviera. Así sabía que no me pediría más.
 Conocía al nieto, al que el dinero que ganaba en trabajos eventuales en la construcción no le alcanzaba para el consumo de droga. Un buen muchacho tirando a tímido, silencioso, al que la humildad le da un aire de complejo de inferioridad, que quizás no lo tenga. Posiblemente cayó por ensayo, depresión, o por estar  moviéndose en el ambiente de compañeros. Por un cúmulo de circunstancias favorables  tuvo la suerte de salir de la droga, y que su abuela antes de morir le viera rehabilitado.
Con el paso del tiempo vine a comprender, a sentirme feliz de haber dado las doscientas pesetas, que ha sido sin duda la mejor limosna, la más importante de mi vida y como muchos, mucho he dado.
Aquella mujer llena de sabiduría; sabía que si su nieto cometía delitos para conseguir droga, ya no habría solución. De la droga se puede salir, de la delincuencia es más difícil, deja hábitos, se pierde la dignidad. Por el desprecio de los demás produce una marginación injusta, cruel, que degrada a algunos que van de juiciosos y de buenos cristianos, que exigen virtudes donde no puede haberlas, que no comprenden que al que lo atrapa la necesidad de la droga es una víctima…  

2 comentarios:

Sergio Naranjo dijo...

Magnífico remate el párrafo final, lo suscribo.

Tino Torón dijo...

Pedro, la vivencia tan generosa que has vivido, puede servirnos de ejemplo, en este caso fue muy favorable con feliz termino.
Me pregunto lo contrario y si hubieras contribuido a que el joven siguiera en la droga.
Un día me pidieron dinero un conocido que estaba en la droga, no le dí nada, pero lo que le dí pudo hacer mucho, le empecé a hablar sin nombrar la droga para nada, pero de manera disimulada le conté vivencias, pasó el tiempo y un día me lo encontré, fue derecho a mi y yo pensando que venia a pedir lo que hizo fue darme un abrazo y decirme "tus palabras me han ayudado" y los apoyos de mi familia.
Le invité a un café , contándome su vida
Pedro, te felicito porque de esta manera reflexionamos, pero no sabemos en este caso si hacemos el bién o el mal.