martes, 24 de septiembre de 2013

¿Por qué no somos siempre iguales?

Por Luis  García Correa
¡Qué triste cuando un ser querido no es cómo creíamos que era!
Lo malo no es que no era cómo se creía, sino el haber estado equivocado.
Me explico: si mi comportamiento no responde al esperado, debería ser por una causa lógica y, si me apuran, hasta necesaria; lo malo es cuando no soy igual porque no soy honesto, o porque no soy sincero.
Entonces la realidad se hace tristeza, y se convierte en amargura. Depende del cariño y unión que existía.
Todos cambiamos, normalmente para mejorar. Es lo lógico y natural.
Todos debemos luchar por tratar de ser, cada día, mejores. Cuesta, pero debe ser la meta y la norma.
La meta final debería ser querer ser santos.
Santo no es el que no cae. No. Santo es el que siempre se levanta, y trata de ser mejor.
Ser distinto a lo que nos creían no es malo, es una realidad.
Pero es malo cuando se es malo a conciencia. Bueno cuando se es a conciencia.
Debemos disculpar y ser disculpados continuamente. Y siempre por amor.
Puede que nos apartemos del camino correcto. La santidad consiste en volver al camino debido, pidiendo perdón.
Anatema al malo que quiere seguir siéndolo.
Querer es creer. Creer en el ser querido, en el amigo y en el conocido. También en el no conocido.  Eso es querer, creer en el otro.
Siempre la presunción de inocencia, hasta que no se demuestra lo contrario. No condenar hasta que haya una total evidencia, y así y todo, tratar de perdonar.
Y cuando se demuestra con claridad que se es malo..., rezar, rezar para que cambien. Sean santos. Tratemos de ser santos.
Tratemos de ser lo que siempre hemos querido ser, luchando por mejorar cada día.
Cuando fallemos, pidamos perdón a Padre Dios y a los hombres. Y volvamos a ser lo que éramos. Tratar de ser santos.
Nunca caer y quedarse en el hoyo. No, nunca. Hay que estar dispuestos a salir y a mejorar siempre. Siempre a pedir perdón. Siempre a tratar de ser santos.
Pedir perdón y esperar el perdón. Si no nos lo dan, peligro, el que no perdona está atenazado por el mal. Entonces rezar aún más. Quien no perdona, no será perdonado.
Lo normal es perdonar y querer.
Quien perdona reconforta el alma de quien le ha ofendido y reconforta su alma. Ambos se llenan de alegría, la reparten y ambos renacen a la necesaria felicidad.
Bendito sea quien volvió a ser como creíamos que era, porque lo era.
Ambos nos llenaremos de alegría, de paz y de ilusión. Volveremos a tener la unión que nunca debió debilitarse o desaparecer. Y el amor crecerá como corresponde a los seres humanos buenos que se quieren, se admiran, se perdonan, y se respetan
Volvamos a ser lo que éramos: santos, y la paz brillará y tendremos la felicidad que nos corresponde, porque la que habremos repartido y nos la habremos ganado. Entonces seremos plenamente felices y libres
Tratemos de ser siempre iguales, porque tratamos de ser santos, esto es: personas que siempre se levantan, porque dicen y hacen la honesta verdad.

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