martes, 11 de febrero de 2014

Algún seudo historiador

Por Luis C. García Correa
Me asombra comprobar cómo alguna persona se mofa, desvirtúa y hasta cambia la historia con el propósito de beneficiarse.
Hay muchas maneras de beneficiarse y actuar deshonestamente. Una es esta. A estas personas las llamo “seudo historiadores”.
Lo peor es que tienen su público. Quienes les ayudan en la propagación de sus escritos, incluso con la palabra.
Puede que haya envidia, rencor, mala educación, revancha… Es lo que tienen los intervinientes: escribiente y propagante.
Hacer burla de personas y de hechos históricos no es nuevo. Ha sido y es una forma de tratar de hacerse notar y de sembrar el mal con mayor éxito si es persona conocida.
Creo que una forma de repeler este daño es tratar de que no les lean. Hacer ver el daño que hacen y que se hacen, porque quien siembra el mal, recogerá el mal ¡No va a recoger lo que no sembró¡ Y si lo leen, que sepan la realidad.
Esto es tan triste y perverso porque llega a contagiar.
La injusticia, como la mentira, tanto verbal como escrita, es doblemente dañina porque no tiene límite en el tiempo ni en el medio de difusión.
Tiran piedras sobre su propio tejado. Y rompen también el del vecino.
Hay quien consigue intoxicar.
Descubrirlos es fácil: quieren hacerse notar, pero por la vía malévola.
Recemos para hacerlos reflexionar, incluso al iluso, para que el mal se convierta en bien, y para que la verdad prevalezca por encima de intereses cargados de bastardía.
Lo que se siembra se recoge y se reparte.
La mala siembra la reparten los propagantes, la recogen los lectores y la crean los seudo historiadores.

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