viernes, 14 de febrero de 2014

¿Cómo vivir la última etapa de la vida?

Por Luis C. García Correa
La última etapa de la vida es la más importante. Debe ser la más creativa y participativa. La más solidaria.
Es el momento de rectificar, haciendo una vida más dedicada y amando a Padre Dios y a los demás.
La sabiduría se incrementa con los años.
Se es sabio por ser viejo. Pero no se es viejo por ser sabio.
Vivir con iniciativa ("proactivamente" dicen ahora) e intentando hacer el bien, da una fortaleza que rejuvenece y fortalece la mente, el espíritu y el cuerpo. Tonifica todas las dimensiones de la existencia.
Tenemos poderes que no conocemos. De otros sí somos conscientes. Y hay otros que los dejamos de vivir.
Mi experiencia y mi conciencia me dictan y me ordenan informar sobre el enorme provecho que se le debe sacar a la última etapa de la vida.
Es tan importante, que inclina la balanza hacia el bien, o hacia el mal. También puede llevar a un anodino y miserable comportamiento propio de pasotas o de individualistas. Hay quienes todavía lo empeoran: ni hacen, ni dejan hacer.
El no hacer nada. “La dolce far niente” (dulce no hacer nada. Indolencia, agradable holganza).
Una vez escuché a alguien “que con la jubilación se había ganado el derecho a no hacer nada”. Ni entiendo ni creo que exista ese derecho.
Es cierto que habré ganado el derecho a cobrar una paga. Pero continuaré teniendo la obligación de ser útil a la familia, a los amigos, a la comunidad y a mí mismo. Desplegar una vida de participación activa en la búsqueda del bien, para los demás, y para sí mismo.
Bien que fortalece la actividad.
Bien que ayuda, de forma exponencial, al bien que se puede y se debe hacer.
Bien que permite llenar la vida de contenido. Llenarla de felicidad, que uno puede repartir. Y esto incrementa la propia libertad.
Jamás "no hacer nada".
“Obras son amores y no buenas razones”. Este refrán es válido en la juventud, en la madurez y ... en la última etapa de la vida.

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