martes, 18 de marzo de 2014

Seguir con la justicia

Por Luis C. García Correa
La justicia es la virtud cardinal que ordena la convivencia recta y limpia. Hace que las relaciones humanas sean honestas y libres, porque enseña a dar a cada uno lo que le es debido.
Sin justicia, la convivencia es inhumana. Se convierte en una lucha desigual, donde el hombre atropella a sus congéneres.
La justicia exige que la ley establezca los derechos y deberes en el seno del cuerpo social, para que los individuos vivamos de acuerdos a ellos: cumplir los deberes y las obligaciones que tenemos respecto a la comunidad; y exigir nuestros derechos.
Somos seres sociables y vivimos en comunidad.
La justicia es un ideal abstracto que se hace realidad en quienes componemos la sociedad. La persona justa vive la justicia consigo mismo, en la familia, en la empresa... incluso en los momentos de ocio.
Nuestros valores éticos o religiosos nos ayudan a proyectar la justicia en la sociedad y en nosotros mismos. Los que tienen autoridad tienen una obligación especial de ser justos.
Para que haya justicia social, se necesita una mayoría de hombres justos, en todos los órdenes de la vida, cuyo recto comportamiento incline a los demás a hacer lo mismo.
Todo depende de las decisiones personales de la mayoría participativa. Si somos justos tendremos una sociedad justa. Si no lo somos, la ciudad se convertirá en selva, donde siempre prima la ley del más fuerte.
Justicia es dar a cada uno lo suyo, y cada uno hacer el bien.
Ello nos obliga a compartir y trabajar por una sociedad justa, recta, limpia, feliz y libre.
Ser justos en lo grande y en lo pequeño. Santificándonos y santificando nuestras realidades ordinarias.
Después de miles de años de convivencia, ¡cuántas injusticias hay todavía que reparar!
San Josémaria Escrivá de Balaguer dijo: “tanto fanatismo acumulado en ojos que no quieren ver y en corazones que no quieren amar”.
Dejemos a nuestro paso una estela de amor, de alegría y de libertad. Sin transigir con la injusticia.
La gran fuerza que nos debe mover es el amor a Cristo. Siendo fieles al Señor, seremos justos y comprometidos con el bien de los demás. Sin pedir nada a cambio.
Los cristianos creemos que el prójimo es Cristo. Que Cristo está presente en los demás, especialmente a los que padecen injusticias. “Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed …”
Esa es la gran responsabilidad personal y social del momento presente. Todos, sin excepción, estamos obligados a cooperar en la justicia persona y social universal.
Trabajadores y parados, jubilados y todo el que esté en activo ... todos tenemos la obligación de cooperar a la justicia.
Anatema a quien pudiendo ser justo no lo es.
Que Padre Dios nos de la fe y sabiduría para ser justos en todo momento, cooperando al bien de la comunidad y sin pedir nada a cambio. No dando como caridad lo que se debe por justicia.
La honesta participación es consecuencia de la justicia llevada a la práctica. De la justicia vivida.

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