martes, 27 de mayo de 2014

El Rosario

Por Luis C. García Correa
El 31 de este mes mayo, tendremos la enorme alegría de que Nuestra Patrona, la Virgen del Pino, abandone por unos días su Santuario y venga a la capital de Las Palmas de Gran Canaria, España. La "bajada" conmemora el centenario de su entronización como Patrona de la Diócesis de Canarias (1914-2014). Es un grandioso acontecimiento que merece la pena disfrutar y que, seguro, merecerá la pena recordar. Por esta razón, hoy quiero dedicar unas palabras al Santo Rosario, la oración que Ella misma - en Lourdes, en Fátima... - nos ha recomendado rezar por la Santa Iglesia.
El Rosario y sus misterios son un resumen de las principales verdades de nuestra fe cristiana.
El Rosario es una plegaria mariana.
El Rosario es una oración vocal que propone la mediación de los misterios cristianos: es un recuerdo de la alegría del Nacimiento de su hijo Jesucristo, de su muerte en la Cruz, de su Resurrección y Ascensión gloriosa a los cielos.
El Rosario es un continuo acto de fe, de esperanza, de adoración, de amor y reparación.
El Rosario no es otra cosa que “una corona de rosas” - ése es su significado - ofrecida a la Madre de Dios, a nuestra Madre.
La Iglesia católica insiste en que recemos el Rosario. El Rosario fomenta el culto generoso a la Santísima Virgen.
Ojalá se volviese a rezar el Rosario en familia. Según su S.S. Pablo VI el Rosario es “una de las mas excelentes y eficaces oraciones comunes que la familia cristiana está invitada a rezar”. Rezar el Rosario debería ser un objetivo familiar. Claro, el haber vivido esta costumbre desde niño tiene una gran influencia.
El Santo Rosario es un arma sumamente poderosa para rogar y conseguir muchas gracias y favores que podemos necesitas y pedir.
Hay quien se disculpa, para no rezar el Rosario, alegando las distracciones: “para rezarlo mal lo mejor es no rezarlo”.
El Papa San Juan XXIII decía que “el peor de los rosarios es el que no se reza”.
Los hombres y las mujeres somos seres humanos. Es lógico tener defectos, debilidades, errores. Como las distracciones al rezar. Pero ello no merma lo más mínimo el valor inconmensurable de la oración.
Las distracciones involuntarias no restan el valor y los frutos del Rosario, ni de ninguna otra oración. Basta el deseo de no tenerlas y el esfuerzo por evitarlas. La lucha que esté al alcance de nuestra mano.
San Alfonso María de Ligorio decía que “si tú tienes muchas distracciones durante la oración, puede ser que al diablo le moleste mucho esa oración”.
El Santo Rosario es poner nuestro pensamiento y nuestro corazón en nuestra Madre la Santísima Virgen. Aunque no lo consigamos siempre.
A la hora de rezar, Santo Tomás daba tres consejos: pronunciar correctamente todas las palabras de que consta, fijarse en el sentido de esas palabras y poner especial empeño en el fin de la oración.
Tratemos de ofrecer muchas “rosas” a la Virgen. "Coronas de rosas lozanas", en la medida de nuestra posibilidades.
Nuestra Santísima Madre conoce nuestras debilidades, nuestros deseos y nuestros esfuerzos.
Tratemos de no retrasar la hora para rezar el Rosario. Si se hace tarde, el cansancio de la jornada puede ser una buena excusa para no rezarlo.
Hay muchas ocasiones para rezar el Rosario: por la calle, cuando nos desplazamos de un lugar a otro, desgranando las avemaría mentalmente; cuando conducimos, utilizando un Rosario grabado en un CD, o la radio, como ayuda; en la Iglesia, con los miembros de nuestra comunidad parroquial; en casa, con nuestros familiares ... Tratar, por todos los medios, de rezarlo diariamente.
Siempre hay tiempo para rezar el Santo Rosario.
Cuando nos presentemos ante Padre Dios, seguro nos dirá: ven bendito de mi Padre al cielo que te tenía prometido, porque rezaste con devoción, aunque con distracciones.
Según recomendaba San Josemaría Escrivá de Balaguer “Y te aconsejé, seguro, que rezaras el Santo Rosario: ¡bendita monotonía de avemarías que purifica la monotonía de tus pecados¡”.

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