miércoles, 28 de mayo de 2014

Los niños de esta crisis

Por Pedro Domínguez Herrera
Los verdaderos mártires de esta crisis son los niños y esos padres con hijos pequeños, que ven como no les pueden satisfacer a sus hijos las necesidades más básicas: Las del comer, libros, medicinas… La ropa sobra hasta para tirar a los contenedores. Esta época reciente, dejó lo roperos llenos y las familias se abastecen unos a otros de ella, es por lo que vemos a los niños de hogares masacrados por la crisis bien vestidos, lo que disimula la pobreza y el calvario que están soportando. En sus miradas tristes, y hasta en las formas de moverse, se les nota el mal vivir que están sufriendo.
Algunos niños, duro es decirlo,  están pasando hambre. Aunque no nos guste reconocerlo, y se evite divulgarlo en la prensa por muchos motivos. Los padres, tratan de disimular por vergüenza injustificada sus penurias, cuando muchos de ellos han sido abnegados  trabajadores, con preparación y  capacitación laboral,  pero sin trabajo, y agotado el desempleo. Mejor no seguir por aquí…
La tristeza de los niños se la transmiten unos a otros, y aquellos que en sus hogares no tienen problemas, por mimetismo infantil,  absorben todo lo que les rodea.
Bien es verdad que hay mucho parado que no para.  Que la mayoría de los españoles se saben buscar la vida, pero hay algunos casos de precariedad infantil, por decirlo mas suave, que claman al cielo de la convivencia de un estado democrático.
Mientras estas miserias ocurren en nuestro país, nos muestran niños de otras latitudes que el verles produce tristeza, desasosiego y conmiseración. Nos piden que apadrinemos alguno y el que lo haga merece un buen reconocimiento. Todo lo que se logra es buena noticia; pero cabe preguntarse: ¿Y los nuestros qué? ¿Quizás fueron estas imágenes de niños desvalidos, las que me hicieron  reflexionar de puertas para dentro?. Mientras que esas criaturas del tercer mundo con poco se les soluciona la vida, los de aquí que tienen algunas de las necesidades de aquellos; pero con el agravante del desconsuelo, de ver a los otros con juguetes, con “bocadillos”…
Urge que se tomen medidas de excepción para llegar a estos casos, pocos a Dios gracias, de forma directa y darle justa solución por el bien de todos…

Pd. Esta mañana, me encontré a una madre con tres hijos pequeños, menores de diez años, que los llevaba al colegio. Iban  con caminar cansino, miradas profundas y perdidas en un mundo de tristeza. La escena me arrancó el alma del cuerpo con un desgarro que me humedeció los ojos y en la garganta esa sensación de ahogo agridulce… 

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