viernes, 26 de septiembre de 2014

La guerra y las guerras

Por Luis C. García Correa y Gómez
¿Quién tiene autoridad para matar?
Las guerras se acabarían cuando la vida del enemigo dependa de la mía y la mía de la del enemigo.
No habrá guerras si mi vida responde de la vida de mi enemigo y viceversa.
La guerra estalla cuando se llega a un punto sin retorno: o mi vida, o la de mi enemigo. Una situación aberrante y antinatural. Más aún cuando los que mueren, mueren por orden de los que nunca mueren.
Los poderes perversos crean, organizan, dirigen, desarrollan y cancelan las guerras, con el único objetivo de alcanzar poder y dinero.
El soldado es carne de cañón, en sentido real. Los que dirigen no arriesgan sus vidas porque, dicen, tienen que dirigir ¿Dirigir qué? ¿La muerte?
La autoridad y el poder vienen del pueblo honesto y participativo, nunca de la fuerza de las armas o del número de soldados.
La autoridad se recibe, se tiene, se reparte y comparte cuando procede del pueblo y sirve al pueblo honestamente. 
No hay autoridad ni poder sin la honesta participación: la participación del que la delega y la participación del que la recibe. 
Las guerras se acabarán cuando todo esté, honestamente, al servicio del ser humano.
Las guerras comienzan cuando el ciudadano es servidor y esclavo del que manda sin autoridad, esto es: el poder perverso, sea económico, civil, político, o sea religioso
No existen guerras santas. La misma expresión guerra santa implica una contradicción.
Las mal llamadas guerras santas son guerras sangrientas, sanguinarias, de odio encarnecido, y de total vileza en el trato y consideración. Son el mal por el mal, pero nada de santas.
La auténtica y necesaria guerra santa es la que tengo que guerrear a diario con mis debilidades, y así caminar hacia la santidad. Esa es la verdadera y única guerra santa: la búsqueda constante y permanente de mi santidad.
“La guerra es la maldad reconcentrada, con el fin de tener poder y dinero, dirigida por y para el poder perverso, y siendo por mi consentida”.
¿Usted qué opina?

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