domingo, 5 de octubre de 2014

Memorias de un tenoyero: La Agricultura (capítulo segundo)‏

Por Tino Torón
Como he dicho al principio viví el gran auge de la agricultura, desde mi misma casa veía y sentía los sachos agricultores en sus diferentes faenas, desde cuando araban, guiadas por el pastor escuchando su lenguaje girando en las vueltas (una vez un Tenoyero que aún vive acompañado por una Tamaraceitera, trabajando con los Betancores tuvo una riscada con las yuntas)
Estas las ví también tirando de los carros dentro de las fincas y subiendo en ellos, siguiendo la labor surcaban, plantaban, regaban y recogían las cosechas y las sacaban, contemplando si eran papas cortando las ramas y sacándolas a las orillas, los vecinos iban a pedirles para las cabras que poco a poco desaparecían, los hombres con las azadas y mas tarde con fuchas iban sacándolas y las mujeres detrás recogiéndolas y llenando sacos que dejaban dispersos y que los curiosos contaban comentando buena, regular o mala cosecha, tanto hombres como las mujeres también participaban en las recogidas de piñas de millos, judías etc,
En todas estas faenas lo mas que me apasionaba eran oír las conversaciones, murmullos, cantos al pie de las tierras unido a los animales (ganadería un tema aparte)   
Tanto es así que debido a la riqueza agrícola de otra época, aun escucho el cantar de los pájaros en bandos, el de las ranas y la llamativa y danzarinas alpispa a orillas de las acequias balanceándose con su larga cola luciendo sus bellos colores en saltos que abrían caminos, ese cortejo me lo hicieron a mi y posible a ti.       
Las plataneras y los tomateros fueron en mi época las mas fuertes, también en este sector trabajan tantos mujeres forradas desde la cabeza a los pies, solo se le veían las caras sonrojisas y sus delicadas manos que las protegían con guantes de tela todos rotos y que aprovechaban hasta el final, no existían los de plástico ni látex. Las vestimentas, hoy llaman la atención incluso descubro y admiro su natural elegancia desde sus formas y coloridos pintorescos, predominando el negro en las mayores, los sombreros grandes reforzados con telas por dentro y por fuera unas cintas en los bordes para protegerlos, los pañuelos a la cabeza, trajes largos, delantales, medias protegidas algunas con espolinas del cuartel para proteger sus canillas y gorras que al abrirlas tapaban las orejas, el calzado el mas usual eran las alpargatas. (me han contado que muchas-os se quitaban los zapatos por el camino para no gastarlos y sobre todo cuando habían fangos) Las mujeres mas cuidadosas de si mismo todas limpias pero sus vestimentas deterioradas, zurcidas y manchadas, unas de la sabia de las plataneras y otras de los tomateros, a pesar de sus coqueterías no tenían muchas ropas, estrenaban para las fiestas, reyes y alguna otra ocasión, lo sé y lo ví ya que mi madre fue costurera, como he repetido, recordando cuando pequeño y se iban a probarse, como las que trabajaban en las factorías, impregnados los olores en los poros de la piel, diciéndole a mi madre: Francisca me he duchado, me he puesto colonia comprada a granel y no se me quita el olor. Los hombres con sombreros canelos o negros, trajes grises con chaquetas, que según el tiempo las colgaban sobre sus hombros, en los bolsillos, el mechero, cajas de tabaco, taco suelto y papelillos haciéndose él mismo el cigarro  o la pipa, gustándome verlos con esa paciencia gustosa y arte, el cuchillo canario, encintado y envainado en la mano izquierda, preparado para cualquier corte agrícola y algunos con el reloj de bolsillo con la cadena y envuelto en un pañuelo protegiéndolo y presumiendo, gustándoles que le preguntaran por la hora, otros se guiaban en las salidas de los trabajos por los coches de hora, si este se rompía o retrasaba  lo notaban por las sensibilidades de naturaleza, las camisas rayadas que se usaban antes y que le llamaban telas de mil rayas, los pantalones por regla general zurcidos y con parches y mas parches y refuerzos que el mismo pantalón, y sus calzados procuraban ser botas muchas encargadas a los zapateros que antiguamente tenían bastantes trabajos y alpargatas, tantos los hombres como las mujeres en sus diferentes tareas.


En las fincas los hombres la mayoría se cambiaban de ropas y era curioso como algunos tanto las camisas como los pantalones se mantenían en pie de las manchas de plataneras, parecía una camisa de fuerza o coraza.
Los hombres en el cultivo del plátano, picaban, echaban estiércol, raspaban, surcaban, deshijaban, enguanaban cargando aquellos sacos de 100 Kgs,  regaban, cortaban y sacaban los racimos apilándolos en un lugar usual de las orillas, donde estaba ya acolchonado de hojas secas para protegerlos y si se quedaban hasta el siguiente día, para protegerlos del sol los cubrían con hojas verdes de plataneras, en los días siguientes sacaban los rolos en la que los dueños les dejaban los sobrantes a los trabajadores ya que también se los picaban a los animales, cabras y bacas, de los sobrantes los trabajadores sacaban las garepas después de horas hasta descubrir el tallo, utilizado para los animales, las tiras las tendían al sol y una vez secas hacían un jace (haz) y los vendían para amarrar los tomateros igual que las cañas, estos tenían una pequeña entrada para cubrir sus necesidades, incluso con ese dinero y el del plus fabricaban a ratos los Sábados, Domingos y días de fiestas, teniendo en cuenta que tenían antes que ir a misa de madrugada, si no, no podían trabajar. Las mujeres deschuflaban, limpiaban la cochinilla, cortaban hojas, cargando las escaleras de madera embetunadas de las manchas del destilar de las florillas, algunas cargaban hasta racimos, laboraban en las plantaciones alternativas que aprovechaban dentro de las plataneras como era el millo y las judías, también se plantaban ramas batatas y cerrillos en las orillas, estas eran cogidas por los pastores para los animales.
En los tomateros, los hombres preparaban el terreno, regaban, encañaban y sacaban los tomates a las orillas cargándolos en los camiones. Las mujeres, amarraban, deshijaban, enguanaban, azufraban y recogían los tomates depositándolos en las cajas divididas en dos  y planas pesando unos 40 Kgs. 20 en cada división, peso que se lo cargaban en las espaldas al ser la caja plana.
Al terminar la zafra del tomate, se recogían los caballetes y cañas que apilaban en formas de tiendas de indios cambiando su paisaje también atractivo y vivo, preparados para las próximas cosechas.       
A pesar desde que los niños a corta edad iban a trabajar, y los mayores el que no trabajaba era un gandul, el Pueblo no se quedaba solo, las amas de casa, los mayores, los niños a la escuela, las tiendas, bares, zapaterías, barberías, las panaderías y panaderos …las camionetas en busca de estiércol, los vendedores ambulantes y el almacén de plátanos El Sindicato Verde que pasó a Tamaraceite, también Carlitos tenía una recogida de la empresa Bañú, entre todos dejaban un pueblo vivo notándose en las calles en aquella época de tierra y siempre habían vecinos en las calles, si a barrer la parte de ella, alegar y discutir a veces con los vecinos, a comprar, buscar agua al pilar, ir a lavar a las acequias y a las horas de almuerzo muchos agricultores que trabajaban cerca comían en sus casas, aprovechaban los viajes tanto hombres como mujeres, éstas a la cabeza, cargadas con comidas para las cabras, dejando a su paso los olores perfumados de las hierbas variadas, antes de llegar a las casas las cabras empezaban a valar, luego venían las tardes-noches recogiéndose de sus trabajos, moviéndose las Sociedades, bares, los hombres ir a jugar a la baraja, dominó y tomarse las copas, algunos grupitos se metían en las tiendas a echarse sus copitas. Las mujeres llegaban y seguían en faenas caseras, preparándose para el siguiente día atendiendo a sus hijos.

4 comentarios:

Eva Mª Molina dijo...

¡Genial tus comentarios Tino!
Revivo todo lo que dices "de pe a pa" Ya te comenté en otra ocasión que me crié en una finca y entiendo cada comentario que haces.

Sergio Naranjo dijo...

Tino: Fantástico, relatando esas experiencias, de las cuales yo viví alguna, pero tú con la autoridad de quien fue testigo.
Tus relatos suponen un placentero viaje en el tiempo: no son melancolías, no son añoranzas, son recuerdos que no deben perderse.
Espero que las mañas no pierdas. (Por cierto, se te fue una vaca con b, que no creas que te voy a dejar pasar una, jejeje...)
Saludos, Tino, gracias otra vez.

Tino Torón dijo...

Eva Mª Molina: Ante todo un saludo y agradecimiento, hay unas personas que las revivimos y otras que quiero que lleguen estas vivencias de un pasado no muy lejano.
Con mucho ánimo seguiré escribiendo semanalmente este tema y pasaré luego a la ganadería.

Tino Torón dijo...

Sergio, amigo colega y colaborador, gracias por esas correcciones que debo de mejorar y publicado en esta digna página.
Me ha gustado "Un placentero viaje en el tiempo" y trataré de escribir a mi imaginación y recuerdos temas alegóricos.
Gracias y saludos,
Hasta otra oportuna ocasión.