martes, 4 de noviembre de 2014

Carta a los que soportan mi escritura

Por Antonio Domínguez
Emito agradecimiento especial desde el pobre solar de mis ideas; almacén de mis gracias (agradecimientos). Por darme tregua y o para que usted descanse, respetado lector (es evidente que mi respeto y mi amor, jolgorios y alegrías, sean para los que me esperan para leerme). Le anuncio que voy a estarme un tiempo cerrado el pico; cambiando la publicación de mis ideas por la de mis pinturas.  
Persigo dos cosas 1) exponer en internet; la sala de exposiciones visitada por quienes y tantos del mundo, que ni se sabe 2) registrarla ante millones de testigos en la fecha dos del diez de 2014, para que no puedan impunes disponer de detalles “manipulados”.
Con la periodicidad que Esteban decida irá apareciendo una pintura de mi creación absoluta; no será copia de foto, no será copia de ninguna pintura, ni en su composición, ni en sus desproporciones físicas. Si se diera el caso que, según vayan publicándose mis pinturas se fueran copiando, no su calidad que es pobre, sino su composición, ¡a mí no me parece mal!
¡¡Hágalo!! Pero diga quién es el autor que le impresionó. Sobre todo está obligado a nombrar a TAMARACEITE. 


  





AVISADO QUEDA QUE ÉSTE NO ES UN CALVARIO TÍPICO, USTED VERÁ SI LO ESTUDIA O NO. SURREALISMO.
Óleo en lienzo de 160cm a lo largo y 85cm a lo ancho  El autor es Antonio Plácido Domínguez Herrera.
Calvario surrealista, no al uso, con Cristo rubio. Por sus horribles sufrimientos y la ruda masculinidad de su faz aparenta más de 50 años.
Destaca (como tiene que ser), de los apóstoles, todos ellos levitando encima de la cruz pintada de fondo, en oblicuo y muy difusa. Lo que todo de Cristo me dice (o lo más que me dice) es que se dio muchos tropezones y muchísimos incontables distintos traumatismos en los pies ¡¡y ahí están ellos  expresamente representados en los primeros verdaderos exacerbos de la idea que me llegó por la vereda que a mí pintura llega!! Le pinte dedos cortos en las manos para magnificencia de sus pies (que indudablemente mordieron el alacrán blanco y la cobra), que anduvieron todo tipo de tierras y terrenos, porque recorrieron la India, toda el África árabe, Palestina por descontado, Asia… y hay estudiosos que dicen que viajó a Europa en salto desde las islas del mediterráneo, pero, sus pies, de habérselos visto dirían que dio la vuelta al globo las veces que quiso. La fisonomía de los apóstoles está hecha a facha distinta de cuantas he visto en pinturas. Le he añadido apóstol negro por ser esto representación de lo divino y de lo humano (la próxima vez le tocará a un chino). Entre otras libertades me permití figurar al capital en el apóstol Judas Iscariote. Le personifiqué con un puro que parte de un personaje sin rostro como lo es el capital; fíjese en el largo rabo prensil que le sale por la raja de la levita; propio del capital “para no caerse nunca del árbol”. Sí le puse el signo del dólar en el bombín y unas letras escritas en el frac que dicen: VENDE CUANTO TENGAS DALO A LOS POBRES COGE TU CRUZ Y SÍGUEME. Nadie podrá decir, ni usted, de irrespetuosidad, respetado; toda vez que el capital; o por el intento de capitalizarse vendió uno a Dios por treinta monedas; a pesar que los del dinero no dan dinero, porque se les acabaría; no necesitan hacer gestos dediles como es el caso en la pintura; en la que se usa el gesto como la única forma de denunciar,- con cuantos adjetivos-, la reacción adversa de todo rico agarrado, cuando le dirigen las palabras que en el cuadro lleva escritas en su chaqué Iscariote.
Las figuras que emergen de la oscuridad son: mi abuela María Atanasia; el soldado malo que lanzó la lanzada; y el soldado bueno que dijo: ¡EN VERDAD ESTE HOMBRE ES DIOS!







                                                                          





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