viernes, 7 de noviembre de 2014

El progreso de los pueblos

Por Luis C. García Correa
El progreso de los pueblos es el que hacen sus ciudadanos.
¿De quién cree que depende el progreso?
El progreso no depende solo del vecino, depende de usted y de mí, y de  todos los demás.
El progreso, de donde vivo, depende de mi parte alícuota e  insustituible de colaboración.
Todos, sin excepción, tenemos y estamos obligados a contribuir, con nuestra honesta participación, al progreso.
La globalización es una maravillosa realidad. ¡Claro! Depende del comportamiento de la humanidad, en donde, reitero, usted, yo somos  insustituibles.
Hay, básicamente, el progreso personal, social, cultural y  económico.
La educación tiene una importantísima influencia en el progreso  personal. La educación es sobre todo la recibida de los padres en  valores éticos, morales o religiosos.
El progreso social es la suma de los progresos personales. Se progresa  en la misma medida que lo hace la cultura vivida y recibida.
El progreso cultural e intelectual depende de los padres educados y  educadores. Depende de la responsabilidad, conocimientos y honestidad  de los educadores y de la praxis en las  escuelas y universidades.
El progreso económico depende, básicamente, de la educación,  honestidad y libertad del pueblo, con la inestimable ayuda de quienes  tienen responsabilidades como lo son las autoridades.
¿Qué otras características creo que tienen que tener los pueblos para  su progreso?
Tener instituciones inclusivas, que engloben la honesta participación  en la plena libertad.
La pobreza o la prosperidad dependen del grado de educación,  honestidad, participación y libertad de ese pueblo.
Si existe conflicto entre administrados y administradores es una clara  manifestación de la falta de honestidad, y, como consecuencia, del  imperio arrasador de la corrupción.
No hay posibilidad de progreso, y menos continuado, sin un pueblo  honesto, instrucciones honestas y autoridades honestas.
La ley, el orden, el progreso y el bienestar son una consecuencia de  la honestidad.
La igualdad de oportunidades y la convivencia feliz no suceden por  albur, son una consecuencia de la honesta participación de la mayoría.
El pluralismo, la necesaria honesta participación y, como consecuencia, el honesto comportamientos de ciudadano, de sus legítimos y honestos representantes, dependen de usted, de mi y de la mayoría de la ciudadanía.
El progreso de los pueblos es la necesaria consecuencia de la honesta participación de la mayoría.
Hemos nacido para ser felices y libres. De usted, de mi… depende, y no solo del vecino.

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