lunes, 3 de noviembre de 2014

Compartir

Por Luis C. García Correa y Gómez
La satisfacción personal, la satisfacción social, están directamente relacionadas con lo que compartimos y con lo que repartimos
La felicidad está en compartir y en repartir.
El egoísmo es la antítesis del compartir. Su consecuencia normal es la infelicidad.
Bendice Padre Nuestro -como también bendecimos nosotros- a aquellos cuya magnanimidad, por la educación en valores recibida, les lleva a repartir lo que tienen: la felicidad y la libertad.
Compartir es la manera simple, sencilla y útil de repartir felicidad y libertad. También de recibir felicidad y libertad, porque se produce un efecto bumerán.
Compartir es un comportamiento que depende de la educación.
No se puede ser feliz ni libre sin haber recibido una educación en valores.
Compartir es repartir. Se puede repartir tanto el bien como el mal: la diferencia la marca el haber recibido una educación en valores; el aceptar esa educación y esos valores; y el ser congruentes con nuestras creencias y vivencias.
Compartir la vida con los demás, sin pedir nada a cambio, es santidad.
En la medida que compartimos, en esa misma medida nos santificamos.
¡Compartir! ¡Bendito sea!
No hay felicidad ni libertad, ni nada bueno, sin el honesto compartir.
Compartir es vivir. Compartir es repartir. Compartir es vivir la dicha incomparable de repartir el bien por la honesta participación, y recibir lo que hemos sembrado: la felicidad y la libertad.
Compartir es vivir y repartir la santidad, por ser honestos y participativos. Y vivir y repartir la felicidad y la libertad.

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