lunes, 27 de abril de 2015

Mi teoría de la Igualdad

Por Luis C. García Correa
La igualdad es una necesidad.
El mal es la ausencia del bien. Y una parte del bien es la igualdad.
No hay bien material ni espiritual que no tenga como cimiento la igualdad.
Aunque cada uno somos únicos e irrepetibles, tenemos algo en común: todos somos igualmente hombres.
Ese sustrato común, el pertenecer al género humano, es el medio, el camino para llegar a lo infinito.
Solo vive plenamente como ser humano quien aprovecha la potencia, la energía que encierra esa condición. Condición que es igual para todos.
La igualdad es un recipiente que encierra lo intangible.
Negar la igualdad, vivir de espaldas a ella, es morir a la verdad.
Nadie nace, vive y muere sin tener la posibilidad de usarla.
Porque nacimos iguales, debemos vivir y morir como iguales.
Los acontecimientos valiosos, los acontecimientos que son dignos de mención, tienen como fundamento la igualdad.
La igualdad rige los comportamientos honestos y conduce al bien por su propia naturaleza.
Se vive para ser igual, por la igualdad. Y se muere por ser igual, por la igualdad.
La igualdad lo mide todo.
Sin igualdad no existimos. Sin la igualdad no somos dignos.
Somos y seremos con, por y en la igualdad.
La igualdad nos hace felices y libres, si realmente lo sentimos y somos.
Ser conscientes de la igualdad y de todas sus posibilidades es la primera meta a alcanzar.

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