domingo, 17 de mayo de 2015

La Ascensión

Por Luis C. García Correa
La ascensión es la acción y el efecto de ascender. La Ascensión por excelencia es la de Jesucristo a los Cielos.
Celebramos el día de la Ascensión como acontecimiento destacado - misterio - en la vida de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.
“¡Sin la Resurrección vana es nuestra fe, vana es la religión!”.
La Resurrección demuestra la Divinidad. La Ascensión la confirma.
Acontecimientos como la Ascensión debemos festejarlo, recordarlo y aprovecharlo para darlo a conocer. Como lo estoy haciendo yo ahora.
Hay que hacer un proselitismo honesto, respetuoso, de la Divinidad y de la Bondad de Dios.
La bendición fue el último gesto de Jesús antes de partir en su Ascensión.
¡Ven oh Santo Espíritu y abre las mentas y los corazones para que adoremos a Jesucristo Resucitado, y ahora elevado a los Cielos desde su Ascensión!
Antes de partir a los cielos Cristo confirma en la fe a los Apóstoles y les enseña que el poder que van a recibir viene del poder divino, y así les habló con la Majestad propia de Dios: “Se me ha dado todo poder en el Cielo y en la tierra”.
Los Apóstoles reunidos en el monte que Jesús les había indicado, el monte de los Olivos, contemplaron la Ascensión, después del anuncio que les hizo Jesucristo de que recibirían el Espíritu Santo:“que descenderá sobre ustedes y serán mis testigos en Jerusalén , en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra”.
Y San Lucas nos describe aquel momento: "mientras ellos miraban, se elevó, y una nube lo ocultó a sus ojos”.
La vida de Cristo en la tierra no concluye con su Ascensión a los Cielos. Jesús se queda, para siempre, en la Hostia Consagrada y Sagrada.
Jesucristo nos deja, y para no caer en la tristeza de su ausencia material por la Ascensión, nos dice que acudamos a su Madre y nuestra Madre la Virgen María. Como hicieron los apóstoles: "entonces tornaron a Jerusalén… y oraban unánimemente… con María, la Madre de Jesús".
Los Apóstoles regresan a Jerusalén en compañía de la Virgen Santa María, para esperar, junto a Ella, la venida del Espíritu Santo.
Volvamos así nosotros a nuestras Iglesias para adorar a Cristo Sacramentado, recordar y rememorar la Ascensión, y seguir siendo fervientes ciudadanos que, con nuestra honestidad y participación, preparemos la próxima fiesta de Pentecostés, la Venida del Espíritu Santo.

La Ascensión ya se realizó. De ella participamos con profunda devoción.

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