jueves, 4 de junio de 2015

Por ahora sarta de disparates disparatadísimos...

Por Antonio Domínguez
Hecho en Tamaraceite, para lectores de aguante y con tiempo libre. Insisto, para lectores auténticos. ¿Quiere que le diga porqué? ¡Muy bien!. Todo ello es concomitante a la estupidez que es equidistante. Entre estúpidos hay la misma distancia de uno a otro, por poco, cuando un estúpido lee mis estupiduras, trata de hacerlo en el menor tiempo posible, por encima, y a toda velocidad: le interesa conocer mis tonterías últimas; para ver su señoría ilustrísima si tiene que salir a la palestra a hacer clic en no de acuerdo. Voy a dar una enseñanza a este respecto: cuando tu estupidez se equidista y solo contemplas la mía, si me vas a leer, lee despacio y tranquilo ¿sabes porqué? Si me lees por encima y pensando en otras cosas, tendrás que volver atrás tantas veces que se te hará eterno lo mío: gastarás tiempo triple. ¡¡Te valdrá más no leerme!! Pero te fastidiarás porque no sabrás si retrocedo o progreso (que es todo lo que te interesa de lo mío, no te creas que no lo sé. No creas que lo tuyo va por mejores derroteros; ¡tranquilo/a! me refiero al mundo de la pugna en general).
Voy a disparar a público este borrador, que le falta poco para libro de pequeño formato; al que no le hago más porque a ser tolete no aspiro. Así es que ahí lo lleva en rama. Me alivia mi angustia por cuantos retortijones y calladas calenturas obran mi distancia. Aspiro oh, mi no enemigo intelectual, que entre tanto, algún renglón le guste, respetado lector.
 Esto es una fábula discurso y había de escribirse semblanza del orador por el narrador. Se ha prohibido por todas las prudencias y hasta Prudencios, porque al parecer el mono hablante procede de planeta menos evolucionado y de gente fea. Está de más que se conozca la fealdad del portador del saber de toda y cualquier sabiduría; ya que el saber no tiene nada que ver con ninguna belleza ni ninguna apariencia. Señoras y señores, dignísimas autoridades… resulta ser que en cuevas a orillas del mar muerto, es lugar de hallazgo “de  flejes” y tantos legajos en papíros y en piel han sido encontrados por las más pintorescas creencias y por los más dibujables creyentes; eso sí, desconociéndose quien los escribió.

Lo anterior es para venir a decir –y que se me crea- que allí en UN cobacho bajo una piedra color vaca, apareció una historia-leyenda de San Lorenzo;  el que fuera cantón Atamarasaid del rey Adeum ; hoy municipio de San Lorenzo de Tamaraceite. No soy autoridad para contestar porqués. El porqué principal sería el porqué llegó tan lejos esa fábula-leyenda. Desoyendo toda causa vamos con el relato.


Dicen que las ascendientes precursoras de la bruja guanija, inventora del guanijay, trabajaron para que el que naciera en cualquier punto del municipio sanlorencino alcanzara –como mínimo- saber filosófico empírico-práctico.     

Va esta cosa de lucha interna entre varios dirigentes; en medio de la gran diversidad de las luchas internas de un ayuntamiento cualquiera (nos ocupamos del ayuntamiento de San Lorenzo de Tamaraceite); aun viviendo en ánima grandes espíritus de reencarnados filósofos en sus cuerpos, turban mi conciencia intensamente a la que considero quizás con vanidad, unificadora y pacificadora; la que me ha inducido a una meditación desordenada y fantástica que es a lo que invita el desasosiego que se desprende de una difícil situación: de la que surgía milagrosamente un principio de claridad y orientación. No me había dado cuenta aun que tal conocimiento se consigue solamente con la visión inmediata, que es posible al hombre mediante esa “centella de luz” y he de admitir, pues, una originaria iluminación innata, repentina, debida al hecho de que el cerebro tiene su origen en la misma esencia de la vida; y no es de extrañar que esté proveyendo siempre para que esto podamos comprender. A esforzarme y a hacer proposiciones orientadas a unir fraternalmente nuestros pueblos vengo. No como intruso, sino jalonado de todas las partes sin que haya un solo individuo que no me haya sonreído ampliamente tratando de demostrar que soy bien recibido: y así me siento.
Aquí habían de meterse más saludos a las autoridades, agradecimientos y adulaciones; todo ello en abundancia (por habernos quedado demasiado cortos al principio).   
            Ustedes todos conocen de mí que soy un filósofo profundamente comprometido con la corriente fenomenológica (no olvide que se está componiendo una fábula), sin embargo, en esta primera parte no se me decepcionen si me ven deambulando por rutas del esoterismo mágico, o por las ciencias herméticas; que no es por no haber meditado mucho las múltiples formas que todos conocemos para iniciar un discurso, por lo que he elegido la más sencilla: la exposisión que es la que resiste mejor los levantamientos de la voz; no siendo de torpe evitarlos de antemano.Verán que no es baldía esta actitud y comienzo, dado que no se trata de convicciones sino del relato de unos hechos acaecidos ¡de verdad! Que todos hemos escuchado haciendo caso omiso a lo que no tenga el mínimo rigor científico, como es natural. Elevados, no atendemos el detalle insignificante que a veces es crucial. 
            La bruja guanija precursora del guanijay propinó una horrible maldición,- nunca se supo con certeza si para conseguir la paz interior es mejor saber mucho o saber poco- que cuando todos creían que se dilucidaba de un susto, se colaba el asunto por los agujeros colmeneros de un gran disgusto (lo que se creyó al principio bendición y gesto de buena fortuna); y era que todo tipo de semen que se empleara a actuar en los términos de nuestro ayuntamiento había de contener 6 genes imprescindibles para la sabiduría y la filosofía,- que con una pócima que ella conocía devenida de sus ancestros guanches y brujos, tirada al aire en polvo, por este nuestro aire, que lo admitía, y por ese, polvo sabio, que no se extendía ni un centímetro más allá de nuestros contornos; de tal entendimiento se autodotaba, esa mixtura en sí misma, hálito de suficiencia transmisiva para cuantos la inhalaban, que conocía por sí sola esa “inflamación” los límites de nuestros territorios, aun por muy quebradas e irregulares que fueran las líneas fronterizas, ambos, el polvo y el aire cubrían las irregularidades exactamente, sin pasarse un centímetro como hemos dicho en el más insignificante punto en la línea establecida (que después la pistola desarraigó), aun por irregular; ello imposibilitaba por naturaleza los 6 genes a otras no agraciadas o desgraciadas tierras según se mire, o mas bien según se pueda mirar, que también ver o mirar comporta y conlleva gran poder de poder, en este caso de mirar o ver.  Poseía toda eyaculación, que aquí de la parte acá se producía, los 6 genes más extraordinarios que tiene toda inteligencia para ser filosófica, sofisticada, mucho más que teológica y espiritualista. Tanto si era llevada a cabo o a ejecutar por natural o por foráneo; en acto la supremacía realista de los 6 genes los confería igualmente el piso como más adelante se verá, la tierra, el clima y sobre todo la bendición o maldición de las ascendientes de Guanija que espero se vaya aclarando para poner exactamente (ese saber, que se sepa, no se ha dado nunca en otro lugar del basto mundo conocido); el hechizo valorado como tal, si es que lo era, o llevarlo a consecuencias de un gran número de aborígenes “generando”, (reproduciéndose) o incomunicados de la lascivia portuguesa o la gran gonorrea de la sifilandia española; o por barreras, que vaya usted a saber bien, de que naturaleza se materializaron los ¿dichosos? 6 genes, etc.       ¿Carta brava jugada por la mala suerte? ¿Horripilosidades  de todo destino, que a ninguno de ellos (destinos) les faltan trastadas y hasta putadas cabronas y demás?
 Sea por blanco o por amarillo no se pudo valorar jamás nuestra extraordinaria particularidad: el devenir por mucho que se tratara de fundamentar y estudiar, sí, se podría decir formalmente hablando, de una suerte o mala suerte en nuestra ínclita forma de ser y estar tan sueltos para comprender cualquier ciencia; eso sí, a la luz que nos confiere nuestros 6 genes para la filosofía pura que con ella se podía y se puede hacer incursiones en el más allá teológico y espiritualista aunque no se consigan resultados tan contundentes en esos más allá, como si se estudiaran unívocamente, con fe, y por separado. Se aconseja no mixturarlos.
            Y he ahí cuando tomaron la sabia decisión las autoridades de San Lorenzo de Tamaraceite conjuntamente y no fue otra que traer al padre de Raphel y al padre de Paco Porras, insignes autoridades en materias esotéricas y del más allá para contrastar la opinión de las brujas, ¡y acertaron!  Dijeron esos señores que la brujería devenida de escuela guanche, estaba en pañales y nos hicieron un gran descubrimiento: Nos dijeron que cuando estaba emergida la Atlántida y aún ahora, San Lorenzo de Tamaraceite es el punto mágico por encima del cual vuelan las almas que proceden del futuro y que cuando pasan, si hay aquí un nacimiento, no pueden seguir (se lo prohíbe su estatuto) y tienen que espiritualizar con su ánima esa nueva carnación, que por otro lado les atrae a tierra (solo aquí) como imán.
Así es que aseguran nuestros sabios que al pasar por estos derroteros todas y solamente las almas de los filósofos, que conocidos y desconocidos los ha habido a millones. Con eso y el favor con que el cielo benigno y pretencioso, también nos hecha una mano para aunar los pasos de sus “viajes” con los nacimientos, es por lo que no se conoce un hombre en este lugar que no sea filósofo. Su categoría y su saber estriba en la categoría y saber del “manto” que le cubrió; cuando se es filósofo, la felicidad e infelicidad -según se lo tome- se puede gozar tanto como el más sabio que intervino a ocupar cuerpo.
            El traerlos costó una fortuna (Raphel y Porras), que aparte de devoradores de manjares, que sin ellos fallaba clarividencia -decían-, había que llevarlos todas las noches al Tánger club con un tal Cabrero Cambado, un Vicente Pacorro, y un González de profesión sus malos andares y bastantes homónimos de no mal comer, beber y joder, todo ello a cuenta de los erarios municipales, luego quisieron volver en avión los espiritistas, carísimo el billete en aquellos tiempos.
Se fueron con las mejores carnes, pescados y hortalizas engullidas en la barriga y humores “untados” en sus miembros de flujos del animalito de las más impresionantes mujeres de la vida del cabaret, amén de todo gasto pagado, embolsaron cada uno sus 475.000 pts, pero valió la pena porque sabemos fehacientemente que por el barranco de la presa del pintor para bajo, hay una corriente de ánimas a cual más sabia, que de nada que haya aquí un chiquillo chico, no podrá seguir para Grecia, España, Francia o Alemania. Que como decíamos, les está terminantemente prohibido por su estatuto: Convenio antiguo que ningún alma se salta, ¡bonito fuera que un alma …!, ¡esa es la que faltaba!.
            ¿Pudiéramos sentir la comezón de la envidia por los ayuntamientos adyacentes que viven su vida, normal de torpeza generalizada?: la misma de todos los pueblos de toda la vida que cuando les sale un individuo con los 6 genes por pura casualidad le perpetúan en estatua de bronce, a veces hasta montado en un caballo; siempre, siempre, es más grande que él por lo menos de tamaño y a veces es de cabeza más bella del que lo monta; por supuesto que: se han visto envidias de lo más irracional, porque lo que es racional, verdaderamente racional, ninguna envidia lo es. ¿Será posible que se viva mejor en esos lugares yermos de saber y que nosotros que no ignoramos nada ignoramos precisamente algo tan capital a que nos conduce la mala suerte de discernir y por ello sufrir viendo que “los arreglos” están todos amoldados a la lejanía del conocimiento, -a donde el saber jamás podrá llegar- en la tranquila insensatez de la ignorancia? ¿Siendo esta nuestra, o una, excepción a echar en falta que nos “debilita” y reconocido es que toda regla tiene la suya (la excepción, que no deja de ser otra regla), como toda ventaja tiene su desventaja (que no deja de ser otra ventaja) y toda virtud aun sublime, tampoco ha querido o no ha podido,- sin florituras, ¡le ha sido siempre imposible!. Nunca estuvo completa (la virtud) de todo bien y justicia? En cualquier ascendiente a maldad o bondad siempre hubo un resquicio, aun por pequeño. Nada ha sido todavía en absoluto.



¿Valdría un Perú salirnos de todo saber y gozar y dominar esa “tontería” general que campea en el resto del mundo; tan importante, y para lo único que no valemos porque no ignoramos y que por ella seríamos también felices (cantando penartes y riqui racas) en la pura contemplación sin aplicarle pensamiento, por ser este (el pensamiento) el más serio peligro explícito e implícito para la felicidad?
            En esos otros lugares del tres al cuarto, es una deriva natural de la sociedad dotarse de conocimiento que pretenden conseguir arrestando a no ver la tele a los chiquillos y mandando cueradas a cinto doblado, cuando traen suspensos sus exiguos, incompletos, cortos estudios; también ese uso por prescripción de sus malísimos y atoletados galenos que hasta para la falta de dinero recomiendan, beber dos litros de agua como mínimo al día, o caminar una horita, leer El Marca otra horita, etc. Todo ello para tener una mente sana en un cuerpo sano y por extensión, conocimiento, pero, los esfuerzos no lo son todo; llegar a adquirir un ideario equilibrado definitorio de verdad no es muy fácil; solo lo consiguen los poquitos que nacen con los 6 genes por pura casualidad en esos otros pueblos; y no como en nuestro municipio en el que los poseemos todos nosotros a priori por naturaleza. Las sociedades por mollares melifluas “edulcoradas por bucólicas”, que ni atisban lo amargo a que puede llegar el amplio conocimiento. No ya el pesimista sino el más amplio optimismo que se precie; desde el conocimiento grande ¡claro!. ¡De gofito y pejínes!; son esas sociedades que nos circundan; se van dotando así mismas de elementos orientados a su intelectual pobre vivir,- que es a lo que se refiere lo de ¡gofito y pejínes!- que les permitan organizarse de acuerdo con sus pobres objetivos: los objetivos naturales que tienden a “esa pelea” propiciatoria para hacerse todo lo mejores que les permita su “talento“. Intentarán los mayores avanzar -en rudimentaria pedagogía- aconsejando a los jóvenes que nunca terminaron primaria, según su irreal saber y malentender; que por su lamentable desconocimiento y prácticamente ninguna experiencia a esas edades, nada podrán hacer por ellos los mayores (muy limitados) por los menores; y cuando sean mayores los menores, entonces si es seguro que nadie podrá hacer nada por nadie, al carecer de todo tipo de docticidad en el más mínimo elemento-materia. El conocimiento en sí y su autoconocimiento solo se encuentra en personas en que empieza a pintar la decadencia física frente al portón de la vejez y en hacia delante cuando la ancianidad o la senectud se estira , y se estira … ¡y claro! hay de todo, pero,  lo más paradigmático no es el saber donde no existe saber. Lo paradigmático  se dice de entrenadores, y de un árbitro que “produjo” -rarísimo espécimen- el pueblo una vez, que llego a arbitrar partidos internacionales.- ¡Cosas que casi las traemos sabidas nosotros los filósofos -a poco que le dediquemos un par de jornadas domingueras dominaremos; facilidades, que a nosotros nos da la naturaleza por nacimiento; involucrados los ¿dichosos? 6 genes!-. Sin embargo debemos huir impidiendo que nos crezcan esos desnaturalizadores, nimios e insulsos pasatiempos peloteros, que infectan todos los parámetros de la mente.
            Lo que se deduce de la organización de esa parte fundamental, que ellos (el resto de la isla y creo del mundo) consideran de tanto fundamento o más que cualquiera de cada una de “nuestras partes” fundamentales, de esas vidas, es la conversación banal orientada a no quedarse dormidos y poder algo menos que saludarse el día de la romería del santo (y que se la estimula desde los medios, escritos, los radiofónicos y los televisivos que los hay de todos los gustos para ser copiados y emulados) a esa gente se les engaña apocándosele la conciencia como pueblo, aunque mucho más como individuos: que no se preocupen, que se rían, como se han reído de mí y de José Juan Mújica a la desbandada, hasta mearse, en plaza pública en la barbería de Perico y Sindo; es decir, con la alegría de no habérseles inquietado (difícil es inquietar al que ignora) lo mas mínimo, mientras ríen a carcajadas, perplejos o no, ante el medio de los medios, la televisión, y ante contertulios que alcancen mínimo atisbo de saber.
            Por contraponer, queridos, dilectos conciudadanos; por el poder que me confiere la tremenda e inmerecida distinción de que todos ustedes me distinguen; yo mando más que ruego que se destierre, o mejor no se deje introducir en nuestro ayuntamiento las pequeñas corruptelas de la no versada indisciplina (por nuestra preparación “genética”, imposible nos cuelen las grandes, de las que podemos prevalecer descuidados) producto de livianezas por desconocimiento de últimas consecuencias, de consecuencia alguna y de principio alguno.  
            Según la descendiente última de la guanija que habita nuestro ahora y en nuestra hora, también hechicera como todos los ascendientes femeninos de su familia, Tomás  Moro nació en Tamaraceite en su primera carnación en un momento en que “el almacén” de las almas no andaba muy provisto para dotar la personalidad que el destino quería materializar; por ello echó manos a inventarse una que empezaría a vivir por primera vez en el cuerpo de Antonio el barbero que una vez fenecido este, iría a cubrir la persona de Tomás. ¿Pero como es eso, si Antonio aun vive y en futuro y Tomás vivió y ya se desintegró en pasado? -exclamó un interpelador que a la bruja le salió - muy sencillo, contestó la bruja-: se creyó durante milenios que cuando un cuerpo moría, su espíritu invadía cuerpo de inmediato nacimiento, y que siempre se producía así: de pasado a futuro y se dijo además, prosiguió ella, (se dice que se dijo pero nunca apareció en papeles) que Zaratustra había dicho que algunos espíritus iban al pasado a reencarnar pero también al futuro. Viene a ser que los espíritus como tal se echan la manta a la cabeza- y aun sin un timple- juerguean lo que les da la gana; y aquí sí que tendría cierta verosimilitud la tesis de que Tomás reencarnó en el barbero a su paso en ánima por Tamaraceite, pero, hoy después de concienzudos estudios de nuestras ciencias ocultas o herméticas si se quiere, se ha demostrado que los espíritus no brincan de un cuerpo a otro sino que hay múltiples cuerpos poseídos de un mismo espíritu; y cuando muere alguno de los iguales, el cuerpo pudre y trasforma como materia y el espíritu inmaterial va a lo inerte. Ya no reaparecerá jamás y tiene menor valor que el cuerpo ya que no valdrá siquiera, porque no sirve (estiércol), para alimentar una existencia vegetal. Llegamos a creer hasta no hace mucho, a razón cabal antes de los adelantos, que Tomás Moro venía siendo primo 300 de Miguel el moro aunque las otras brujas del picacho en ánimo de llevar la contraria, decían que a Miguel le faltaban dos tercios de ese tiempo para llegar a tal parentesco. Después más tarde se convencieron todos,- a lo menos los y las espiritistas- tomando como mentira tremenda de que Tomás existiera en reencarnación descendente y que reencarnara para atrás pero no que era alma gemela del barbero; y que nació en Londres en 1480. Literato y estadista, valiéndose de que su alma era filosófica. Ahí fue que haciendo gala de la rebeldía que todo moro lleva en sus juguetonas y oscilativas sombras, que así mismo todo moro encierra, se plantó, macho, a decir que no firmaba el acta del parlamento que declaraba nulo el matrimonio de Enrique octavo con Catalina de Aragón y designaba para la sucesión al hijo del segundo matrimonio del rey con Ana Bolena. Consecuentemente, Enrique ordenó que le segaran el pezcuezo como a baifo en el año 1533.
Cuando el espíritu de tan trajínésca vida tenía cuerpo tomado en Tamaraceite, ya le veían maneras. Tengamos en cuenta que era ánima involutiva dado que reencarnaba para atrás para el pasado y era adonde dirigía su perfeccionamiento. Venía del futuro tan limpia de saber y experiencia como las normales y más corrientes que parten igualmente de cero en el pasado.
Sus puntos de vista filosóficos y políticos están expresados en la utopía. Una especie de novela filosófica en la que los alcances de la vista del tal Moro son enunciados por un filósofo llamado Rafael, que relata lo que había conocido en una isla ignorada, bautizada precisamente Utopía en uno de los viajes de Americo Vespucio, que seguramente le venía del fondo del tino reencarnado que este hombre traía del futuro llevando emperrado al pasado.
Ya guanija habló y ello se sabe por trascripción oral de todas las herederas hechiceras de una en otra, que el Tomás Moro Tamaraceiteño ya gesticulaba por él el barbero bajo los distintos e indistintos aspectos; de ese impresionante mundo de ideas que se iría llevando reencarnación tras otra a los insondables abismos de pasados más lejanos. Quedó dicho en el tiempo, también por la vieja (por antigua), sin embargo bellísima a más no poder ser -hechicera-, que para recular, lo que es recular no había tierra -en la bola tierra-, como la canaria. Solo se sabe que esto último lo dijo con segundas, pero nadie supo lo que quiso decir, ni la dirección de la punta a qué o a donde iba.

A esta altura del discurso el narrador había de comentar acerca del orador, del público, del clima, ¡de lo que sea!. Lo más extenso posible; de forma excelsa y elogiosa; que le ayudaría a dar mucho empaque al propio discurso. Le dará entrada de nuevo así, orientativamente, pero habría que mejorarlo.
 Miraba el orador con la mirada quieta en lontananza como un presidente del cabildo intentando recordar resolutivas sensaciones cibernéticas traídas del futuro y no atinaba ni siquiera a intuir. Ahora en ese pasado respectivo, no conociendo como es lógico sus transmutativas reencarnaciones, se preguntaba; ¿y si esta situación no la he vivido yo?, ¿Por qué no tengo refutación para este fácil asunto que me parece haber refutado alguna vez? Etc.
También hemos de aprovechar a esta altura para hacer la transmutación deteniendo el alma de Tomás Moro -que viene de una carnación futura- en Jóse Pepe, Monsi José y Antonio el barbero, los tres más grandes que han sido; a cual de los tres más dignos para almificar a Tomás, etc. no necesitamos desarrollos porque no queremos castigar al lector con interminable vargasllosada y demás doctas sudamericanadas.

 Continúa el discurso
Queridos conciudadanos, manteniendo intactas las consideraciones y parabienes hechos al principio, a los que la nobleza de ustedes, por su inestimable virtud y honra me mueven, solicito la atención mayormente a este talante a fin de que se comprenda hasta donde de absoluto es mi compromiso.
            Tomo otro punto de partida más para dar cierta complejidad al discurso, y al alcance más crítico de las condiciones sociales en nuestra isla - además de en nuestro municipio-, en nuestro tiempo. La aristocracia capitalista y terrateniente ha ido sustituyendo los cultivos de papas y cereales por tomates bajo plástico donde se obtienen 100 toneladas por hectárea, de cuya alta producción se adquiere una renta mayor. Los campesinos han sido “expulsados” de las “casas” y de las “fincas” y no han tenido otro remedio que mendigar con una pajarita de camarero puesta por la servil conducta del ¡sí guana!. A que han sido conducidos; y hasta puede ser que muchísimos hayan ido solos, por su cuenta y propia voluntad.
            Por el análisis de esta situación quiero llegar, porque lo anhelo, a una reforma radical del orden social. En esa isla de la Utopía estará suprimida la propiedad privada. No se eche a temblar hombre, que esto es solo un juego místico; leyenda, parábola, quimera, ficción, en fin, un mito fabuloso. Se cultivarán las tierras por turnos de los habitantes, los cuales estarán adiestrados sin excepción en la agricultura; cada dos años se relevarán en el campo. El oro y la plata no tienen ningún valor y servirán para los objetos más humildes. Luego cada uno tiene su oficio y magistrados especiales, llamados “sifones” que lo son, entre branquias y agallas, por lo que tienen de “filtrantes” y de héroes; para decir que no o que sí con la misma gallardía, sin el más mínimo toser bronquial o de gaznate, estos, vigilarán para que nadie este ocioso y ejerza cada cual con esmero su propio arte. Los ciudadanos del municipio trabajarán solo 6 horas y el resto del tiempo lo dedicarán a las letras y a la filosofía o a la diversión.
            La cultura estará orientada a la utilidad común, a la que los ciudadanos subordinarán su interés particular. Se preocuparán poco de la lógica (números) pero cultivarán las ciencias positivas y la filosofía para la que no tendrán esfuerzo habiendo nacido todos filósofos; completarán los conocimientos racionales con los principios de la religión, reconociendo que la razón humana sola, no puede conducir al hombre a la verdadera “felicidad”. Los principios que reconocerán propios de la religión serán: El premio y el castigo después de la muerte, según la conducta observada en esta vida. Si bien estos principios beberán de la religión, los ciudadanos considerarán que se puede creer en ellos basándose en razones y fundamentos humanos. Reconoce además que la sola guía natural del hombre es el placer y que sobre esta guía está fundado el mismo sentimiento de solidaridad humana. De hecho el hombre, no tendería a ayudar a los otros hombres y a evitarles el dolor si no considerara que el placer es un bien para los demás; pero lo que es un bien para otros también es un bien para sí mismo; y en realidad el placer es el objetivo que la naturaleza ha asignado al hombre. La religión es una utopía, pero ¡ho!, paradoja. La principal característica de Utopía es la tolerancia religiosa. Además sin religiones que avisen que el diablo rocía con gasolina y lanza mechero encendido, los mares no serían azules sino rojos de sangre a tope. Eso del amor es mentira sin efecto. El miedo si es eficaz y consigue conciencia gran temerosa, cumplidora de preceptos y de las más antinaturales recomendaciones ¡¡¡por si acaso!!!
            Casi todos reconocen la existencia de un Dios creador del universo y autor de su orden universal, pero como filósofos que somos todos, los habemos de las más distintas corrientes y las opiniones las hay distintas, y cada uno lo concibe y lo venera de una manera. La fe cristiana coexiste con las otras; y tan solo se condena y se queda excluida la intolerancia a quién condena o amenaza a los secuaces de una confesión religiosa diferente. Cada cual podrá intentar convencer al otro sin violencia y sin injuria; nadie podrá violar la libertad religiosa del otro. Los ciudadanos considerarán que a Dios le place el culto variado y diferente; ama las cosas nuevas y odia con todo su corazón la monotonía martilleante del mismo rezo repetido miles de años. Lo sé porque me lo contó un palmero que estubo metido en unas fuertes mares temporal y se metieron en la bodega a rezar el padre nuestro; entonces oyeron un esperrido- berrido de Dios desde la tenebrosidad, diciéndoles que estaba hasta los humildes de tanto padrenuestro-, ellos le dijeron: ¡tienes toda la razón señor!, pero, ¿que debemos hacer?- Dios contestó: digan cualquier palabra flojita –y ellos dijeron: ¡señor queremos seguir viviendo! –y del bolichazo se quedó el mar quieto y lleno de luz. Esto oí en un bar a un beodo que estaba más ebrio que templado: para contar estas cosas muchísimo vino se ha de beber. Por eso consentirán que cada uno crea lo que prefiera; que tan filósofo es el grande cómo el chico en nuestro enclave. Queda prohibida la doctrina que niega la inmortalidad y la providencia divina; pero quién la profese no será castigado, sino que solo se le impedirá difundir su creencia. La república de Utopía que les propongo es, pues, un estado conforme a la razón, en el que los mismos principios de la religión son los que  la razón pueda defender y hacer prevalecer: solo no hay lugar para la intolerancia.
Si Tomás Moro en su fuga al futuro tomó cuerpo en Tamaraceite en la anatomía de Bartolomé el maestro, D. José Grimón el médico o Antonio “el barbero”,etc. en uno de esos tres filósofos, los tres más grandes sin lugar a dudas, la idealización de el ayuntamiento utópico nuestro y la estructura conforme a la razón que sobrada teníamos, pero nosotros nos colocamos por el contrario en nuestra realidad política de pugna, explícitamente en el plano de la realidad de la diferencia, analizando sin embargo los principios jurídicos de un estado de racionalidad a conseguir en nuestros aspirantes a la alcaldía.
            Les quiero comentar la conveniencia y me propongo la definición de estado dentro del ayuntamiento (a esta altura se había de construir el asombro, las caras de luto y abucheos del público) sí, -continuó macho el barbero-, propongo una república en que cada barrio del ayuntamiento constituya un estado. Haremos una federación barrial donde el que lo desee pueda implantar la pena de muerte o matar de pena (que es lo más fácil y comunmente practicado) y en el conjunto será un gobierno recto de muchas familias, y de lo que a las mismas es común, con poder soberano. Pero la validez propia de ese ”estado” residirá en la última determinación, en la ley de Dios o de la naturaleza. El poder absoluto y soberano del “estado” no será un arbitrio incondicionado, porque tendrá sus normas en la ley divina y natural y en la liberalidad más absolutamente liberal. Normas que le vendrán de su fin intrínseco, la justicia. No existirá poder soberano en un barrio  donde no habrá independencia y menos burocrática del poder “estatal”, sesgos de independencia. de todas las leyes, y capacidad de hacer y deshacer leyes, abranse de  construir comisiones en cada barrio  representado; se hará lo que diga el pueblo al completo. No obstante, la soberanía de un barrio no será un atributo puramente negativo que consiste en estar dispensado y libre de las leyes y costumbres de la república federal en nuestro caso. Se puede tener esta dispensa como lo consignó en Roma Pompeyo “el grande” sin poseer soberanía. Consiste por lo contrario, en el poder positivo de dar leyes a los ciudadanos o de suprimir las leyes inútiles y hacer otras: Esto no puede hacerlo quién esta sujeto a las leyes o quién recibe de otro el poder que posee. El límite intrínseco del poder soberano del alcalde que se nombre, sometido a la ley natural y divina, permitirá establecer las reglas de que el alcalde soberano estará obligado a observar los compromisos por él y sus ediles contraídos. Tanto con sus propios ciudadanos como con los de otros ayuntamientos, históricamente limitados. Hay que agregar aquí gran comentario al aplauso que reventó al mismo tiempo, de todo el salón: como roscas en tostador.
El alcalde electo garantizará a los ciudadanos los pactos y las obligaciones mutuas y estará forzado y vigilado a respetar la justicia de todas sus acciones. Un alcalde no puede ser perjuro en conformidad con estos principios, ¡afirmo!, por un lado, la indivisibilidad -en parte- del poder soberano, por la que no puede pertenecer al mismo tiempo a uno o a pocos, pero sí a todos en estricta jerarquía; pero también afirmo enérgicamente el límite de la soberanía, que no puede prescindir de la ley divina y natural. Decía Juan Bodín “la más notable diferencia entre el alcalde justo y el tirano es que el justo se conforma a las leyes de la naturaleza, el tirano las pisotea; el uno cultiva la piedad, la justicia y la fe, el otro no tiene ni Dios, ni fe, ni ley. (lo de tiranos –en nuestro caso- es mas bien, cuando se tiran a dejar que las paredes del agro se tiren al suelo por sí mismas, ellas solas y todas.
Sostenedor del federalismo ayuntamientil (no se entienda ayuntamientos de ayuntamientos), considero a los hombres alcaldables como los mejores de todos siempre que cuando “lleguen” a serlo, sean de sí moderados y sean llamados continuamente a moderación por los barrios (distritos federales) y por su propia cuadrilla de ediles: han de venir de la más alta intelectualidad-aristocrática del saber posibles. No se podrá gobernar con alpargatas (aun por muy sabios) hediendo a sudor porque propiciará equivocaciones el embate. Fuertes protestas de los menos adinerados (meter aquí comentario grande al respecto; da mucho tema de sí la alpargata frente al zapato de charól y vic.).
Les ruego me disculpen por crudeza, continuó, me quiero amparar en aquello  del practicante que no restriega para limpiar a fondo herida causando dolor: herida que no sana. Precisamente es propia del alcalde aristocrático, en asuntos del saber,  la justicia distributiva o geométrica, que reparte los bienes según los méritos de cada uno; del alcalde popular es propia la justicia conmutativa o aritmética, que tiende a la igualdad. La justicia perfecta es la armonía que se compone de las dos; y tal justicia es propia de alcaldías de real nobleza de sentimientos y conocimientos. La alcaldía bien ordenada se parece al hombre en el cual la inteligencia representa la unidad indivisible a la que están subordinadas el alma racional, el alma irascible y el alma apetitiva. El ayuntamiento aristocrático o popular, sin un alcalde que sirva, es como al hombre al que le falta la actividad intelectual.-
                       
Entifico hasta la connivencia escalofríica, totalmente, por el penetrante e impresionante análisis de nuestros modos de ser, hacer y estar, basamentado en la propia contundencia de los hechos; sin cabriolas innecesarias en el argumento, que no da ninguna facilidad a polémicas controversiadas. Esa es la forma exquisita desde la independencia intelectual ante la cual, aun por muchas ganas de rebatirla que suscite aun por iracundia que fomente aun por mortificaciones que nos produzcan, y nos quite el sueño buscando las propias entendederas, ¡como puedan! Neutralizar y zafarse de esa lectura veraz de lo que fue “aquello”; que muele todo ser que no se ha molestado mirando la forma de “crecer” aunque sea lo mas mínimo. No encontrarán una sola vía para ello porque no la hay: ¡¡jamás creció lo que nació para ser pequeño, por más empeño y empeño!!
Claro, hay que decir inmediatamente por la aparente animadversión y maledicencia, que “allí” no se lanzaron micros ni móviles, ni relojes grandes como cebollas en aquellos parlamentos, reuniones, manifestaciones, protestas.      Allí ocurrió de lo primero a lo último que ocurre exactamente igual en cualquier parlamento, trifulca, manifestación del mundo: El que sabe más intenta joder -y lo consigue- al que sabe menos, que es de lo que se trata. Las demás consideraciones huelgan por los fueros de la huida obviando problema concreto proclive a hacer “sangre” por los fueros de la vida que sean de hacerse “sangre”. Intercambiados ya los cromos a, evitando: que es evitar a priori. Pero ello no le quita nada a nuestro modo de ser, ni a, ante, bajo, cabe, con, contra, sin, sobre, tras. La visión del juicio exacto de lo que allí aconteció.  ES SU LABOR IMAGINAR, respetado lector; ya se va pareciendo esto a una vargasllosada hecha en Canarias, mucho más, que a una mentira inventada. ¿Así son todas las leyendas; puede ser considerado esto una leyenda?

Si no entiende los dos últimos párrafos, sírvale de Consuelo que no los comprendo yo y le juro que son salidos de mí. Los dejo, por tétricos misteriosos y por el presunto peligro que de ellos se cierne. Por el placer de la superioridad ficticia; que da también mucho placer mentir con verdad embrollada. Lo mismo que han hecho los grandes, a lo grande. ¡Yo! Pido perdón por ello. Me considero a la altura, de ser olvidado, solo, que, desde ya.  

1 comentario:

Antonio Domínguez Herrera dijo...

Al que señaló con clic (a través de arangutánico dedazo) en nada, queriendo decir que mi trabajo no vale, le desafío a que salga de su cobardía y diga algo desde el felón anonimato, para yo poder darle para el pelo; o pelaje, porque me da a mí que, ¡animalito de Dios! no entiende lo que lee.