jueves, 11 de junio de 2015

Usos y costumbres de otra época

Por Tino Torón
Al paso de mi vida he visto desaparecer y aparecer diferentes usos que por curiosidad quiero relatarlos como los recuerde y a mi manera, eso sí reflejando lo mas  posible a la realidad.
    Desde que tuve razón, fui descubriendo poco a poco todo lo que me rodeaba, que antes parecía ser poco y ahora recordándolo es mucho, iniciando el tema desde el momento que han nacido los de mi época.
     Recuerdo cuando una mujer se quedaba embarazada, nuestras madres ya nos preparaban diciéndonos que la cigüeña nos iba a traer un hermano-a y cuando pasaba un avión: gritábamos “Tráenos un niño” y  les preguntábamos de dónde vienen, nos contestaban “Vienen de París”.
    Cuando llegaba el momento de dar a luz a los niños nos recogían familiares y vecinos que acudían en la ayuda de la partera, en Tenoya conocí a varias, la más famosa Teresita  y otras amañadas, pero ya en mi época había una Comadrona titulada Doña Ángela Henríquez, quién en una época y por muchos años fue la Comadrona Oficial del hoy Distrito, ella me llegó a contar muchas anécdotas y curiosidades al paso de su vida profesional e incluso le hice una entrevista.
Entre tantas curiosidades y anécdotas me contó que cuando vino de Cádiz, cuando terminó la carrera, los vecinos no le tenían fe, pero al acudir a su primer parto, le dijo a María la de Rosalino ¡Vas a tener un niño, sobre las dos de la mañana! Opinión que dijo al azar y que coincidió, acertando, por lo cual al ser un pueblo la voz caminó y los vecinos tomaron su confianza.
También me contaba que una vez fue en una camioneta a los Giles, a una chabola donde no tenían ni agua, otras veces salir caminando lloviendo a cualquier hora y encontrarse con complicaciones de parto donde las madres se jugaban la vida.
     Las nuevas Comadronas al principio no tenían esa aceptación, se seguía llamando a las parteras a la que le tenían toda su confianza, pero éstas se iban muriendo y las comadronas al tener titulación, imponiéndose e incluso trataban de denunciar verbalmente a las parteras o desprestigiarlas, esperando que le pasaran algún mal parto para ir contra de ellas, como sabemos antes todas las madres daban luz en las casas. 
     Ya más grandito ví cerca de mi casa el trajín, llevando agua en una palangana, unas toallas y trapos escuchando el primer llanto. Cuando llegaba este momento afortunado gritaban de alegría Francisca tuvo un niño macho, (la palabra varón se oía poco) llegando la noticia a todo el Pueblo y por la misma calle se alzaba con alegría las voces.
     Los familiares y vecinos en cantidad acudían a ver al niño-a en aquella cunita tal vez prestada, donde habían criado a tantos, en la que me criaron, pudo pertenecer a la tatarabuela por el modelo y forma, no tenía patas teniendo unas medias lunas que servían para remar, recordado a las madres arrullarlos cantándole una nana, el arrorró mi niño chico……  para que se quedara dormidito, mas granditos cuando nos íbamos a acostar teníamos que rezar recordando “Cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro angelitos que me acompañan , amén”  cada cuna arrastraba una gran historia y a su vez sentimientos y cariño diciendo: en esta cuna se criaron……….al final se desarmaba y se guardaba, llegando a ver en aquellos tiempos a niños en un cajón de coñac.
     Las primeras impresiones de los visitantes al mirarlos y hacerle con ternura gracias, descubrían entre unos y otros, se parece al padre, no, no al abuelo, a la madre no lo ves.
     Los niños-as no se podían mirar mucho, porque decían que le hacían mal de ojos
achacándole y sospechando de las vecinas llamando a la santera para que le hiciera los ritos, rezos y bostezos, quintándole la camisita poniéndole de hilo ovillado haciendo una bolita mojado en la boca de la santera o amañada, que se lo ponía en la frente, desapareciendo el mal. (Tamaraceite fue un lugar de muchas santeras, curanderos …)
     En aquellos tiempos nacían muchos niños, los matrimonios lo mínimo que tenían eran dos o tres, los demás desde 5, 10 hasta 18 y más, incluso querían como se decía antes  niños machos para que le trabajaran y ayudaran para criar a los demás, se vieron familias que el hermano mayor hacía las veces de padre, encaminando a sus hermanos si enviudaban o autorizados por los padres. Cuando una madre no tenía leche buscaban a otra a las cuales se les llamaba madre de leche, Vds. no han oído hablar “mi madre de leche fue ….. teniéndoles cariño ” (hoy ya no existen) y por necesidad habían discusiones con los lecheros al advertirle que era para el niño y que no le eche agua, oyéndose a muchas madres “Pues mi hijo se crió con la leche de la cabra rucia que tenía mi suegra” y míralo lo fuerte que está. El biberón se lo daban con una botella cualquiera de ron, coñac, anís…y las madres cuando le daban la teta teníamos todos que salir de la habitación quedándose solo las mujeres.
   Al ser Tenoya un Pueblo, los vecinos hacían y tenían un historial de los niños, pues contaban los embarazos,  los kilos que pesó y relacionaban las edades teniendo como referencia a un hijo o vecino, diciendo: Tu eres de la edad de mi hija Josefa y de mi sobrino Juan y así el resto, ya mayores los varones las cuentas de las edades se sacaban por las quintas del cuartel.
     Las primeras salidas de la criaturas eran cuando llegaba el momento del bautismo haciéndose lo más pronto posible, antes morían muchos niños a cortos días y edad, en mi caso se me murió una hermana. En el bautismo sucedían por las necesidades de poder y no poder, viendo a unos con trajes nuevos para el momento y otros con ropas prestadas, eso si, todos teníamos las ropas de salidas de los Domingos, visitas a los médicos y entierros por muy pobres que sean y se compraban los tejidos y zapatos al plazo, añadiendo que guardaban también las ropas y sabanas de las mortajas en las cómodas y roperos.
     Ese día iban caminado por las calles un grupo, la madre en el centro, el padre, los padrinos-as, hijos mayores,  familiares y vecinos allegados. En aquel tiempo verlos pasar llamaban la atención cogiéndose la calle de un lado al otro, dejando un olor a fijador, colonia  brillantina y hasta polilla, pastillas que ponían en los roperos para que las ropas no se picaran, abriendo con alegría las calles que en mis tiempos eran de tierra, si daban un “trompicón” en el lenguaje de antes y se “estronchaban” un dedo, les dolía menos que si a los zapatos les hicieran daños, mirándolos y si tenían un daño los limpiaban hasta con saliva y siempre contando curiosidades, un amigo mío  pintor de coches, pintaba los zapatos de vez en cuando, unas veces blancos, negros y hasta de dos colores….  . En Tenoya el cura en ocasiones,  mandaba al monaguillo a traer el agua del pilar que estaba frente a la Iglesia, si Molina el encargado de abrir y cerrar el pilar  lo tenía cerrado lo abrían para el bautismo en muchas ocasiones.
     Una vez de regreso, se brindaban entre ellos en las casas o no dependiendo del poder económico e incluso se buscaban los padrinos mas pudientes, los niños ya mayores sabían quien eran sus padrinos y a estos se les pedía la bendición, cruzando los brazos manteniendo esta costumbre hasta edades bastantes avanzadas y en ocasiones estos le daban algunas perrillas para golosinas. Los Padrinos a partir de estos momentos eran padres adoptivos, que en muchos casos nos aconsejaban.  En Tenoya había un solterón pudiente que tenía muchos ahijados, el cual se le conocía también por Padrino       
     Los pañales eran de tela e iban a las acequias a lavarlos, surgiendo pleitos entre ellas aunque estuviera a un Km. de distancia sabían quiénes eran, estos pañales se tendían a la vista, los que escondían eran los paños de las mujeres en su ciclo de menstruación, ni en mi casa los llegué a verlos, llamándose ropas intimas, e incluso disimulaban las ropas interiores.
     Cuando una niña le llegaba por primera vez se asustaban por la ignorancia y la madre pregonaba a partir de ese día “Mi hija ya es mujer” ya tiene 12 años, pues la mía va para 13 y nada.  
                                           SEGUIREMOS CON LA SEGUNDA PARTE


2 comentarios:

Sergio Naranjo dijo...

¿Y no rezabas sino eso? ¡Vaya suerte la tuya! A mí, mi madre me jincaba noche por noche una rociada de suculunes y me dejaba bendito y salvado veinticuatro horas.
Nunca entendí que si el Cielo era eterno, los rezados no duraran sino de un día para otro...

Tino Toron dijo...

Sergio: Tienes toda la razón, en mi Pueblo se escuchaban a la hora de una casa a la otra los rezos y en la Ermita el Santo Rosario, mientras los niños jugábamos alrededor de la plaza, pero en Tenoya el abuelo de mi madre "Cho José el repartidor" que era acequiero y hombre muy respetuoso, este lo hacía en alta voz que se oía a lo lejos.
Aun quedan ecos de recuerdos...
Un saludo y gracias por escucharme,