viernes, 12 de junio de 2015

Venezuela

Por Luis C. García Correa
Querer, amar, a Venezuela y a los venezolanos, es lo normal para aquellos que hemos vivido, aprendido y disfrutado con ese pueblo, y hemos tenido la suerte de contemplar las bellezas y riquezas de ese impresionante país.
No sé si en este planeta Tierra hay un país que tenga más riqueza por kilómetro cuadrado que Venezuela.
Las riquezas materiales son un complemento, porque lo verdaderamente valioso son sus habitantes.
El valor más importante de cualquier país son sus gentes.
El amor, la honestidad, la participación… y, como consecuencia, la felicidad y la libertad son las vivencias normales, coherentes con las vivencias que valen la pena. 
En España, estamos asombrados y sumamente preocupados por la corrupción, grave enfermedad que ataca a los cimientos y destruye una nación.  
Por favor: ¡No vivan la corrupción los venezolanos! No se contagien de esta grave enfermedad, porque con ella no hay riqueza, ni bienestar, ni felicidad, ni libertad, que se le resistan. Destruye el bienestar, la felicidad y la libertad.
Salir de problemas materiales se consigue con la honesta participación, y con ella, con la honesta participación, no hay mal que resista.
No es fácil ser consciente y aceptar la realidad. Tenemos la tendencia a minimizar o despreciar los males que hacemos, para justiciarnos de los comportamientos insolidarios y maleducados que realizamos.
El amor es la solución.
Quienes aman apasionadamente a su país y a sus conciudadanos tienen el camino andado y la solución en las manos.
El amor es solidaridad, comprensión, desvelos, sacrificios, todo aquello que une. Elimina lo que desune, y suma a las aportaciones individuales convirtiendo a la mayoría en una sociedad digna, trabajadora, emprendedora, que da su vida y trabajo por los demás, y sin pedir nada a cambio, en la búsqueda del bien común de la forma más común, normal, y natural.
Con el amor en una sociedad, no hay mal que resista. El amor convierte el bien en cosa natural.
Al amor se llega por la educación en valores. Sin esos valores no hay amor, habrá pasión, pero no amor.
Todo un fin tiene un comienzo y un camino, y desde que se comienza a andar en ese camino, ya se está en la solución, que para que afecta a todos se necesite que, por lo menos, la mayoría hayan comenzado el camino.
Por favor: Venezuela-España, en especial Canarias-España-Venezuela, la unión hace la fuerza; que con el amor, no hay nada que se resista. Es la solución.
Bolívar el Libertador tiene sus orígenes en la Península, en Canarias y en Venezuela. Y si a él todos consideramos, copiemos la diversidad de orígenes y juntos trabajemos por un fin común: la felicidad y la libertad. 
La unión hace la fuerza. Y el amor, la felicidad y la libertad

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