sábado, 28 de enero de 2017

Diario de un cura: La letra, con música entra

Por Jesús Vega Mesa
Hace unos meses, mi sobrina Sara se rió mucho de mí. Todo, porque en algún lugar  escribí que me gustaba una canción de reguetón. En concreto, esa tan escuchada de Nicky Jam y que dice  cosas como ésta: Te estaba buscando/ Por las calles gritando/ Eso me está matando/.Es que yo sin ti/Y tú sin mí /Dime quién puede ser feliz Esto no me gusta”.
            Es verdad. No me pega nada ese estilo. Pero es que a veces una música pegadiza te hace cantar cosas con las que, tal vez,  no estás de acuerdo.  También pasa lo contrario. Letras excelentes, llenas de poesía, al ritmo de una música imposible. Tengo admiración por muchos cantautores y grupos  que, apoyados en una bonita melodía,  transmiten mensajes bellos,  crítica seria y compromiso social.
            La canción religiosa cuenta también con estupendos artistas que han puesto música a textos impecables. Lástima que, a pesar de las buenas composiciones,  sigamos cantando siempre  “Juntos como hermanos” y “alabaré, alabaré”. Luis Guitarra es uno de esos cantautores comprometidos que, cuando están en  un escenario o en una iglesia, son capaces de entusiasmar a la audiencia diciendo cosas del evangelio. No dejen de escucharlo cuando canta, por ejemplo: “Alégrense los que creen en los demás, / los que se dejan por otros la piel. /Preocúpense los que acumulan bienestar,/ los que buscan el poder./ Alégrense los que construyen la Verdad, / los que soñaron un mundo al revés. / Preocúpense los que no quieren dialogar, / los que no saben ceder./ Alégrense los que creen en los demás...
                Pero no era sólo de estas letras y estas músicas de las que quería hablar. Me duelen esos discursos solemnes de algunos gobernantes, como el recién llegado a Estados Unidos,  que, para colmo,  pone de fondo un himno militar. Ni la música, ni la letra. Y me hieren los templos suntuosos, repletos de adornos,  que invitan a decir qué bonito, cuánta riqueza y en donde tan difícil es rezar. Prefiero la ermita humilde, el gregoriano del monasterio y las canciones  con gestos de los niños de la catequesis.  O lo que canta  Ricardo Arjona, poeta y músico guatemalteco: “Jesús no entiende por qué en el culto le aplauden /Hablan de honestidad sabiendo que el diezmo es un fraude./ A Jesús le da asco el pastor que se hace rico con la fe./ Jesús, hermanos míos, es verbo, no sustantivo”.  
La buena letra, con buena música sí que entra. Por eso  hay que aplaudir a esos coros parroquiales que se esmeran en cantar y que la gente cante. Y que la canción sepa a evangelio y la melodía llegue al corazón. Y hay que felicitar a los curas y grupos de liturgia y catequistas que están convencidos de que hay que cantar mucho y todo lo bien que se pueda,  para  que el mensaje resulte agradable, fácil de digerir y alegren el alma.
Y tenemos que alegrarnos de que a los jóvenes y también a mucha  gente grande les guste cantar y bailar y reír poniendo ritmo a la vida. Si a eso le ponemos letras cristianas y bellas, quien las cante  se llevará  todo el mensaje  a su casa y a la calle. Recuerdo que hace años, en un viaje en barco,  un grupo de jóvenes sin ninguna relación con la Iglesia, cantaba sin parar canciones religiosas probablemente aprendidas en las catequesis. Las canciones habían calado.
Comprenderás, sobrina Sara, que, aunque te rías conmigo,  la música marca mucho y en todas las edades. Y siempre hay a quien cantarle: ”Es que yo sin Tí/Y Tú sin mí /Dime quién puede ser feliz”. 

P.D. Mi apoyo sincero al músico amigo,  Nino Díaz, de Tías (Lanzarote) ante las muchas      críticas por el Festival de de Canarias. Es bueno escuchar otras voces (otras letras) y que la música no siempre sea la misma. Lo que tú pretendías, Nino.

No hay comentarios: