viernes, 3 de febrero de 2017

La justicia social y personal

Por Luis C. García Correa
La justicia social es la justicia de la humanidad.
La justicia no es gremial. Ya se dieron cuenta los romanos, como pone de manifiesto la definición clásica de Ulpiano: justicia es dar a cada uno lo que le corresponde, lo que es suyo, su derecho, lo que se convierte en una obligación de los demás.
La justicia es hacer el bien, tratando de eliminar el mal, más allá de cualquier consideración que no sea precisamente ésta: la justicia del bien.
La dignidad de la criatura humana requiere la justicia. Y la exige en grado sumo. 
La justicia social es la justicia de la honestidad, de la fidelidad y del amor al ser humano y a todo lo que le rodea, como el hábitat natural.
Cualquier progreso personal y social tiene que estar fundamentado en la justicia social y personal.
La dignidad del ser humano se manifiesta en todos los actos de amor, de honestidad y de fidelidad a la verdad, que solo son posibles en un ambiente regido por la justicia social y personal.
Considerar al ser humano como mercancía, es valorarle más por sus obras que por su condición. Es una injusticia que solo beneficia a los fuertes.
Benditos y alabados sean los honestos, fieles y honrados que viven, practican y respetan la justicia social, personal y mundial, más allá de sus propios beneficios materiales y sociales.
Y no conviene olvidar los beneficios espirituales, que son intangibles de un valor incalculable y que no pueden ser objeto de cambio.
Amar la justicia social, vivir de acuerdo a sus normas y conductas y repartirlas con prodigalidad y humildad, es caminar por el sendero de la santidad.
La justicia social y personal es un bien no negociable, intransferible y de valor incalculable, que obliga a respetar al ser humano en cuanto portador de valores y merecedor de todo respeto y protección.
La justicia social y personal es el bien hecho realidad.

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