martes, 30 de abril de 2013

El Amor y sus obras

Por: Luis C. García Correa y Gómez

El amor es la vivencia cumbre del ser humano.
Dios es Amor. Amor que se difunde y prodiga infinitamente.
La crucifixión fue el gran acto de Amor de Dios por los hombres. Y la Resurrección la demostración de la Divinidad de Jesucristo, el fundamento de la religión cristiana.
Nuestra obligación, como creyentes, es corresponder a ese Amor. Amor con amor se paga. Y lo hacemos cumpliendo sus Mandamientos.
Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, por eso el corazón del hombre está hecho para amar.
Cuánto más amamos y nos aman, más felices somos.
No podemos vivir sin amor. Sería una vida estéril y vacía de contenido.
La santidad no consiste principalmente en luchar contra el pecado, sino en amar a Jesucristo.
El amor es el grado sumo de la amistad. Y lo demostramos con nuestros actos a lo largo de la vida: en la familia, con los amigos, con la comunidad.
La fidelidad y la lealtad, que deben ser nuestra norma de conducta, son expresiones del amor.
¿Hago, en este momento, lo que debo hacer?
¿Intento buscar la perfección en mi vida y en mi trabajo? ¿Lo hago participando?
El amor debe existir y permanecer, luchar por ello, aún en la mayor aridez.
El amor verdadero, sea sensible o no, empapa todos los aspectos de nuestra existencia. Unidad de vida. Y lo hacemos cumpliendo con nuestro deber.
El trabajo, la familia, la amistad, los afanes diarios, la búsqueda del bien común, para ser felices..., tienen que ser consecuencia del amor.
Santificarnos con las realidades terrenas. Hacerlo todo por y con amor.
Amar sin condiciones, sin esperar nada a cambio, perfecciona las relaciones humanas hasta tal punto que las santifica y las llena de la plena felicidad, porque vivimos la plena libertad.
Amemos y seremos felices y libres. Las obras del amor forman una montaña cuya cumbre es la libertad plena y feliz.

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