jueves, 2 de mayo de 2013

El amor

Por: Antonio Domínguez

El amor, no es conocimiento y menos pensamiento del conocimiento. Al estar inmerso en la mecánica cerebral, ¿a quién se lo endosamos? Yo creo que engorda al pensamiento genuino prevaleciendo en él, porque, parafraseando a Arturo (Schopenhauer) preciso es que admitamos que el amor en la especie, orientado a la estatificación y prolongación de la vida humana, no se trata solo de la adaptación física (acople cópula) sino que además de la voluntad del individuo excitada por las concordancias, tiene valor decisivo la principal y especialísima vocación de la mujer y su inteligencia concluyente en el asunto de, con quien se multiplica (así lo ve Arturo). La correlación especial de la inteligencia de la mujer con la especie, tienen entre sí una coherente reciprocidad especial con la vida. Aún siendo tan inconmensurable el cerebro primigenio, base, de la mujer (si Él lo dijo yo no lo dudo), lo ve Arturo como un misterio, yo digo que no es tal, porque se lleva a cabo el acto más intelectual de naturaleza y voluntad. En cuanto a la inteligencia (mayormente de la especie), aportada por la mujer; ¡es! el pensamiento genuino; en este caso el cuerpo obra conforme a su tendencia marcada de antemano por ese soberano oculto; el que es y no es; el que obedece sin comprender el río de engendros (genes) que delata. Y en cuanto a la voluntad debemos sospechar que es del pensamiento genuino (que como hemos estudiado tiene su voluntad especial), ya, ahora, de ambos padres. Puesto que el amor no esta poseído de la popular voluntad del conocimiento es por lo que establecemos que hay diferentes tipos de voluntades, (si hemos de darle voluntad al amor) posiblemente en distintos repliegues del cerebro. Es posible que también puedan vivir juntas, que como voluntades son idénticas pero, en lo que aportan son muy distintas, nada tiene que ver la voluntad fina, bien construida del pensamiento genuino, que es indeterminada, con la ramplona y determinada voluntad del pensamiento del conocimiento y la razón. La ciencia va tirando con términos burdos, absolutos, metiendo todo en un mismo saco como la propia voluntad; hasta que llegue uno o una, que haga diferentes acotaciones totalmente imprescindibles (aunque debería haber sido ¡ya!, está lejano. 

Este es un planteamiento esquemático para hacer chiquitito este divertimento; necesariamente se dan por sabidas muchas casas. Es por lo que no importa que no lo entienda; el entenderlo, no le bajará de peso, ni corre peligro de perder ningún título de los que pudiera tener. Sí importa lo que se piensa, y hasta se dice con las orejas muy calientes, en las que nos arden los ininteligibles pretenciosos. Perjudica mucho dar nombre de basura en general (por mucha razón que se tenga) a lo que se lee, ya entonces, nada nos servirá. Para el estercolero irá todo y quedaremos solo en el desierto de nuestras limitadas redes neuronales; tendremos la sin par desgracia de ningunear lo escuchado; porque lo dijo un albañil o barbero. ¡Qué caos de torpeza por elevada simpleza! Que por elevada, es más simple cuanto que se agranda la simpleza. Callo ya. ¡Cuanto me queda que decir! De mofas, befas, escarnios, pitorreos, coñas… 

Aquí quedaron señas de lo que es el amor, y de lo que es el desamor también.

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