domingo, 12 de mayo de 2013

Carta al Viento: San Expedito y los videntes

Por: Jesús Vega Mesa
Cada mañana, todavía algo somnoliento, paso las páginas del periódico y encuentro casi siempre alguna noticia que me despierta del todo. Hace unos días, por ejemplo, contaban los medios de comunicación que, entre las personas que más sufren la crisis, se ha puesto de moda encender una vela a San Expedito. Y decían que, según el parecer de algunos sicólogos, poner una vela al santo no sirve para encontrar trabajo, pero “produce un efecto balsámico” y da más tranquilidad. Y yo digo: Qué pena y qué aberración que se utilice la sensibilidad religiosa de nuestro pueblo para adormilar a los que peor lo pasan y encima a costa de gastar dinero en velas. Porque la noticia añade que uno de los negocios que no sufren la crisis sino todo lo contrario es el de fabricar velas ya que cada vez se venden más.

Lo mismo debe pasar con los echadores de cartas, adivinos, brujas y vendedores de mentiras que, como fantasmas, lo que son, aparecen todas las madrugadas en un buen número de canales de TV con la malévola intención de arrebatar el dinero a los que, angustiados por su situación, se agarran a un clavo ardiendo. Y no creo que produzca ningún “efecto balsámico” verse a fin de mes con menos dinero y con los mismos problemas que tenía antes de escuchar al brujo de turno. Lo peor es que, muchas veces, estos ladrones sin escrúpulos, que se llaman a sí mismos videntes, indican al ingenuo que les consulta que alguien cercano le está haciendo daño. Y así, a todos los males anteriores, se añade el odio que se genera a una persona inocente, casi siempre en el entorno de su familia o de sus amigos.

Es lógico sentir rabia contra los que se aprovechan de los más pobres para hacer negocio. Sus consejos nada tienen que ver con el cristianismo aunque se pinte con palabras de apariencia religiosa. En el Libro de los Hechos de los Apóstoles se cuenta que, cuando Jesús dejó a los apóstoles para subir al cielo éstos se quedaron atónitos mirando al cielo. Y oyeron a unos hombres que les decían: ¿Qué hacen ustedes ahí mirando al cielo? Y es que muchas de las respuestas a nuestros problemas no hay que buscarlas sólo mirando al cielo. Hay que mirar también al suelo. Ni San Expedito, ni la vela, ni el agua bendita, ni el brujo…arreglarán nuestros asuntos. Los cristianos creemos en el poder de la oración. Pero a Dios rogando, con el mazo dando. Seguramente hay personas o instituciones interesadas en que las víctimas de la crisis o de la enfermedad intenten solucionar sus problemas encendiendo una vela a un santo o acudiendo a un adivino o culpando a cualquiera de su “daño” en vez de rebelarse contra los verdaderos culpables de su situación. La religión verdadera no es “el opio del pueblo” ni el “bálsamo” que nos tranquiliza y adormita. La religión verdadera es la que nos hace descubrir que Dios está al lado de los pobres. Y que no quiere el sufrimiento de nadie. Y nos invita, por tanto, a luchar contra las injusticias. Cuando a mi amigo Andrés, padre de tres hijos, le han amenazado con desahuciarle de la casa y ponerlo en la calle, le he animado a luchar, a manifestarse, a unirse a otras personas. También a leer la Palabra de Dios y ponerse en sus manos. Pero no se me pasará nunca por la mente sugerirle que le encienda una vela a San Expedito. Ni a acudir al estafador o estafadora que pregona sus falsos poderes sobrehumanos. A esos, que cada vez son más, mucho menos. Que se busquen la vida con dignidad. O por lo menos que respeten la de los demás.

1 comentario:

Sergio Naranjo dijo...

Casi completamente de acuerdo. Yo creo que el efecto del engaño se produce muchas veces a partes iguales por las acciones del listo y del necio.
No siempre el engañado es inocente.
Claro que el timador es injustificable, porque siempre sale a engañar, pero la otra parte, esas muchas veces, ha sido cómplice. Y todos lo sabemos.
Cordiales saludos.