martes, 7 de mayo de 2013

Reiterar la paz


Por: Luis C. García Correa y Gómez
Paz. Una palabra que si se convierte en vivencia da la tranquilidad de la que surgen la felicidad y la plena libertad.
No hay felicidad sin paz. No hay libertad sin paz.
Jesucristo promete a sus discípulos: “La paz os dejo, mi paz os doy; no la doy yo como la da el mundo”, y después de Su Resurrección les dijo: “la paz con vosotros”.
Estas frases nos quitan todos los temores y nos llenan de paz.
La paz ha sido, durante muchas generaciones, el vehículo para hacer el bien y el signo de una sociedad libre y feliz.
¡Sería magnífico que volviésemos a usar el saludo: “la paz contigo”! Sería un signo de fraternidad, de buena educación y de participación comunitaria.
También se puede usar para la despedida: “vete con paz”.
Desear la paz y promoverla es un gran bien humano, y unido a la caridad se convierte  en un bien sobrenatural.
Tener paz en nuestra alma, es el medio para comunicarla.
La paz verdadera es el fruto de la santidad humana y del eterno amor a Padre Dios.
San Agustín dijo: “la paz verdadera es la tranquilidad en el orden”. Orden con Dios y con los hombres. Ese orden nos dará paz que, a su vez, comunicaremos a los demás.
El Obispo de Hipona añadió: “la paz es obra de la justicia”.
La paz se encuentra en donde hay amor y justicia, donde existe respeto a la dignidad humana, donde no se busca la propia utilidad. Está en quien vive para los demás.
El no querer tener a Dios en el corazón aleja la paz.
La paz perdurará mientras haya personas de buena voluntad. Pero cuando son minoría, la ocultan y parece que ha desaparecido. Es lo que aprovecha el poder perverso para seguir creando la guerra y  la fabricación, venta y consumo de armas.
Evitemos todo aquello que quita o debilita la paz: juicios temerarios o negativos, murmuraciones, mala educación …
Todos estamos obligados a llevar y repartir la paz, a ser sembradores de ella, de la alegría, de la libertad, y es ahí donde se encenderá, apasionadamente, nuestro amor a Dios y al prójimo.
Seremos lo que debemos ser: felices y libres, con paz.

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