viernes, 10 de mayo de 2013

Ser santos



Por: Luis C. García Correa y Gómez
Todos podemos ser santos. No es una utopía. Aunque hay una condición: quererlo, proponérselo.
¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si luego pierde su alma? Con esta pregunta Jesucristo nos situó de forma radical ante la maravilla de la vida, cuya razón última está en Él, Dios.Los santos fueron mujeres y hombres con los mismos defectos y virtudes que los nuestros. No hubo ni habrá diferencia.
“Quiero ser santo”. ¿Me lo repito constantemente? ¿Estoy en el camino, aunque no sé cuando llegaré? Nunca desistiré.
Esto es lo que quisiera proponerles hoy: tratar de ser santos, para ayudar a los demás y a uno mismo.
¿Tengo verdaderamente ganas de ser santo? ¿Me gustaría ser santo?
A algunos la idea de ser santo les resulta una quimera, no una realidad viva.
Santos son los que se levantan siempre, no los que no pecan.
Renunciar a la santidad porque nos consideramos llenos de defectos es una manifestación de soberbia. Es cobardía.
Dejar de querer ser santos, abandonar la lucha porque tenemos defectos o porque existen problemas es un error. Ello nos puede llevar a la soberbia.
Tenemos que poner los medios para alcanzar la santidad. Con sólo los deseos no es suficiente. Tenemos que tener paciencia.
Se necesita no desistir un solo día en el combate contra los malos hábitos. Es una guerra de largo recorrido. Ser pacientes y perseverantes.
Padre Dios cuenta con el tiempo. Él espera siempre.
Todos los santos se han considerado grandes pecadores. Pero han puesto los medios necesarios para alcanzar la santidad.
Hagamos el propósito de tratar de mejorar. El futuro se acercará y la santidad llegará.
Querer es poder.

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