jueves, 25 de julio de 2013

Hay que huir de la posibilidad de expresarse al toletazo.

Por: Antonio Domínguez
Eso que se suele decir de: “vivir por encima de las posibilidades”, es una metedura de gamba de cuantos “intelectuales“ y cuantos siguiendo la moda de pésimo lenguaje lo profieren. ¡Es imposible vivir por encima de las posibilidades! pero oh, ¡paradoja!, todo vivir por encima de la propia clase social a que se pertenece, ya es posibilidad, realidad y contundencia; por tanto la palabra imposible queda invalidada, al menos de momento, y vamos a explicarlo.

Se viva como se viva en términos económicos y de posibilidad es porque la posibilidad existe cabalmente; otra cosa es que se deba ahorrar y no gastar lo que más tarde nos será imprescindiblemente vital; porque nos gastamos lo que no hemos ganado; pero en cuanto a la posibilidad, insistimos, nadie podrá gastar ni una sola peseta que no esté en su bolsillo o en su banco, o en su colchón. ¡Ya existe la palabra “imposibilidad” para determinar ese aspecto cuando se tienen las manos totalmente vacías, sin una perra y sin nadie que nos la preste!

Para abundar aún más, -a fuerza de caer pesado-, para que quede muy claro. Todo lo que adquiramos con dinero de contado está a la altura de nuestras posibilidades económicas del instante. Aunque se viva de prestado y se gaste demasiado, sigue existiendo la posibilidad que nos ha dado nuestro prestamista de gastar, fruto de cualquier factor. Que nunca es por encima, sino acorde al dinero que se tiene en “la mano” al, en el, momento. La expresión: “vive por encima de sus posibilidades” es, aparte de una imbecilidad, una estupidez. Este pequeño jaleo económico descrito no es baladí, porque nació en el riñón de los hogares; donde los “esposos” avariciaban escatimando el dinero a sus esposas (abusando de la posibilidad de la fuerza), presas padeciendo la imposibilidad de defenderse; para luego ellos gastarlo en vino y cortesanas. Así es que si se observa bien cuanto aquí se dice obedece a contexto, tenga o no fundamento. Que una cosa es una cosa y dos cosas son dos cosas distintas, como dice el profesor Belda. Por lo que cambiamos el tercio para decir con mucha verdad (esta sí que la es) que las personas sí hablan por encima de sus posibilidades, a tenor de los tremendos errores -que son muchos- y tan lamentables como el que hoy nos ha ocupado (no me creo exento de decir estupideces). Rotúlemelas sin mala emulsión (no importa que el comentario sea anónimo) y yo le agradeceré extenso la enseñanza.

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