lunes, 2 de septiembre de 2013

Muchos piensan en la jubilación

Por: Pedro Domínguez Herrera
Los que están por los cincuenta piensan en la jubilación como en una liberación y dejan de suerte en esos felices años venideros todas sus ilusiones; enjuagan su fracaso o la falta de tiempo para si mismos por esos años, llegando a estar tan ciegos como para no percatarse de lo que se les viene encima: “Cuando me jubile, repararé la casa de campo y plantaré en la huerta”. “Voy a tratar de guardar unos dineros para recorrerme España”. Incluso algunos hacen cuenta con amoríos suspendidos en el tiempo; la antigua novia, la compañera de trabajo, la vecina y, algunos, haciéndolo extensivo a todas las posibles opciones de liberación, en divorciarse cuando los chiquillos sean mayores y estén ya encaminados (todo esto es igual, en el pensamiento del futuro por las mujeres. Se ha hecho con un solo género por comodidad al escribir).

La realidad no suele ser tan fantasiosa; es sencilla. Cuando se llega a la jubilación hay que estar lo mas cerca posible del hospital, porque el organismo no está para muchos “zarandeos”. La mejor compañera es la de siempre, el mejor viaje cómodo y seguro que se puede hacer es ir al cine a ver una buena película.

Hay situaciones más desalentadoras, cuando se dejan las inclinaciones artísticas y culturales para cuando haya mas tiempo. En definitiva cuando las neuronas desgastadas y la mente sobrecargada de desechos, de azucares, colesterol, bilis…una tos profunda y clueca; la curvada reverencia de las espaldas, a la vida, a la pervivencia, la mirada estúpida, la voz rala y babosa.

¡Que locura mas contagiosa! en esa etapa de la vida es donde ponemos todos nuestros avales, nuestra identidad, nuestra reafirmación como seres humanos. Es cuando queremos dejar un leve rastro, aunque solo sea como el roce de una pluma en la arena del mar de la vida, y una suave ola lo desaparezca sin redención, para caer en la cruel suerte del olvido; por ser un repetitivo bloque en la edificación de la creación mortal…

Por lo dicho, es recomendable hacerse a la idea, que el final del futuro es a los cincuenta y comenzar a plantar, a escribir, a pintar, a enamorar, a querer… y realizar lo que se tiene preconcebido para mas adelante; porque los humanos hasta para comer de todo nos jubilamos antes de los sesenta. Así es, y el que este a tiempo coja estas reflexiones en serio, que le va de provecho para deleitarse de si mismo; antes que los años lo reduzcan a una situación miserable, por muy dignamente que se lleve la vejez.

4 comentarios:

Antonio Dominguez Herrera dijo...

Perico, pasas con naturalidad a ser señor de tu espacio produces una serie de sensaciones y raras sorpresas que mantienen la tensión desde el principio en adelante; hasta el final de la lectura. Embarcas en fantástica nave al que lee

Anónimo dijo...

maestro pedro saludarle con un fuerte abrazo desde playa del ingles a usted y a toda su familia esperando esten todos muy bien en especial a usted y a su hermano sindo. un abrazo muy fuerte. firmado el palomo .

Anónimo dijo...

¡Cuánta verdad en tus palabras! Más parece una venganza que las reflexiones de un alma..., un alma en paz atormentada. No creo que quien eso escribe de la jubilación se esté acercando al "carpe diem" asimplonado. Quizá tus profundos ojos, tu limpia mirada ya descubrió en algún rincón el polvo del arpa becqueriana. ¡Qué difícil aconsejar!, pero es muy hermoso leer tus reflexiones sensatas. Adolfo García.

Pedro Domínguez Herrera dijo...

Gracias fraternales a Antonio. A Ignacio que le recuerdo con cariño y con admiración por su desenvoltura simpatía y sus anécdotas. A Adolfo por tanta amistad al que admiro por su compromiso de lealtad propio de un hermano.