martes, 29 de octubre de 2013

Insistir en la santidad

Por Luis C García Correa
Todo lo bueno, sin excepción, existe porque Padre Dios lo sostiene en su Ser. Permite el mal porque nos ha hecho libres.
La creación entera es obra de Padre Dios, quien la sigue cuidando.
¿Nos lo creemos?
¿Nos sentimos sus hijos predilectos?
La santidad es conocer, creer, amar y realizar Su Voluntad.
Nos dice: “no andéis agobiados por la vida pensando que …”
Nos invita a vivir alegres, comprometidos en los quehaceres diarios.
Hay problemas, sufrimientos, enfermedades, trabajos, que debemos llevar sin rebeldía o tristeza. Nos santifican, nos purifican, nos hacen crecer en virtudes. Nos deben hacer más humildes.
La santidad no es privilegio de religión alguna, es una obligación del ser humano. Como tampoco nadie es santo sin la ayuda de Padre Dios, sin la filiación divina.
Dios nos quiere felices, en la búsqueda de la santidad con nuestra participación y por la libertad
La santidad depende en buena parte de la participación y deseos de cada uno. De un empeño personal que tenga continuidad. Que no sea una estrella fugaz.
La santidad consiste en el cumplimiento amoroso de la voluntad de Padre Dios, en hacer el bien a los demás. Los deberes de cada día son oportunidades de crecer en santidad. Sin abandonar nuestras circunstancias personales.
Trabajar y vivir honestamente participando en todo lo que podamos por el bien de los demás y en el nuestro propio, y sin pedir nada a cambio: eso es santidad.
A Tomás de Aquino su hermana le preguntó qué hacía falta para ser santo. El santo sabio, poco amigo de peroratas, respondió: QUERER.
Todas las cosas, bien hechas, cooperan al bien de quienes aman a Dios, como de quienes no lo conocen. La santidad es obligación de todos.
Amar al ser humano hace que pongamos todos nuestros medios y saberes en beneficio de ellos. Eso es santidad. Cooperar al bien.
Debemos tratar de convertir todo en algo agradable a Dios y a los hombres.
La santidad, ser santo, es una meta y una obligación de todo ser humano, creyente o no creyente. Y tratar de serlo es caminar seguro hacia la plena felicidad y la plena libertad.
“Todo debe ser para el bien”. “Y todo conduce a la santidad”.

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