viernes, 1 de noviembre de 2013

Dar la vida

Por Luis GarcíaCorrea  
 

Hace 83 años, más nueve meses de gestación, mis padres me engendraron en un acto de pasión y amor, en plena juventud, llenos de ilusión y esperanza, lo que no sabía -claro- es que de sus consecuencias nacería yo.

¡De cuántos hechos me tengo que arrepentir! ¡Aunque otros me llenaron de alegría, como el haber  engendrado -junto con mi mujer-  a nuestros hijos!
¡Qué poco y qué grandes somos los seres humanos! Poco en el tiempo y grandes en los hechos.

Poco como humanos pero grandes como hijos de Padre Dios y hermanos de Jesucristo, el Hijo de Dios, Dios mismo hecho uno de nosotros.
Poco, porque poco podemos hacer solos, pero mucho en unión, en participación. Unidos no hay fronteras.
La solución es la honesta participación.
¿A qué esperamos? ¿Por qué seguir siendo esclavos? No lo piense, hagámoslo. Unámonos, actuemos y seremos grandes.
La mayoría honesta arrastrará con su proceder, y ese poder es tan grande que no hay frontera.
Necesitamos su honesta participación.
¿Y qué es y qué debo hacer?
Tan solo con la práctica diaria de la honradez se moverán montañas.
Desaparecerá la esclavitud y surgirá la libertad, y con ella tendremos la plena felicidad.
Sólo se necesita su honesta participación.

Y todo porque nació y es un ser humano. Le dieron la vida. ¡¡Qué maravilla!!
Ahora sólo nos falta ser honesto y participar en la búsqueda del bien de los demás, (que es sólo ser honesto) y la recompensa será dar y tener la vida llena de ilusión y contenido y de la ansiada felicidad y libertad.
“La participación es la solución”.

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