martes, 3 de diciembre de 2013

El Amor de la Naturaleza

Por: Luis C. García Correa
La Naturaleza ama al ser humano sin condiciones. Todo lo pone a su disposición, no se reserva nada.
Siempre que se le da la oportunidad de vivir, el bosque renace. Tiene todos los elementos naturales necesarios para su regeneración. Pero hay una penalización. La Naturaleza nos castiga, suavemente, cuando desaparece una especie porque la hemos arrasado. Eso es el bosque secundario.
Ha contado con unos elementos y se han desarrollado dentro de unas reglas necesarias para la vida, en especial, para la agricultura, que el hombre ha distorsionado.
La Naturaleza no grita, pero avisa incontables veces.
Nunca se arrepiente de volver a darse, y volver a sernos útil. Nos es muy necesaria. Es imprescindible para la vida.
Su gozo es tan grande que, cuando le damos la menor oportunidad, no la desaprovecha.
Su fin es ayudar.
El Planeta Tierra ha sido nuestro paraíso durante miles de siglos. Ha sido... Lo está dejando de ser, y no por su culpa: la culpa es nuestra total y absolutamente.
Nosotros, que nos llamamos y nos consideramos civilizados e inteligentes, destruimos nuestro propio hábitat natural. Sabiendo que sin La Naturaleza viviríamos artificialmente.
La maltratamos a conciencia. Con premeditación y alevosía. Pero no nos lo tiene en cuenta. Siempre que le damos la oportunidad, renace.
¿Cómo podré expresar de forma clara, sencilla e inteligible que “La Naturaleza es nuestro hábitat natural”, para que la mayoría de la humanidad asi lo entienda y lo viva?
Actúa de forma natural. Llegamos los humanos, y, siguiendo la bandera de un mal llamado progreso, nos convertimos en dueños y arrasadores. Llegamos a matar a la Naturaleza en nombre del progreso civilizado. ¡Para mejorar la vida!
Cuando la necesitamos ahí la volvemos a tener nuevamente, con el merecido castigo de que no nazcan todas las plantas que había en el bosque primario.
La palabra Naturaleza viene de natural.
Yo amo a la Naturaleza no sólo porque es necesaria para mi vida natural. La amo por las bellezas que nos brinda a todos los sentidos.
¿Existe algo más desolado que un espacio sin vegetación, o un barrio sin parque?
Hasta los perros necesitan los parques. Así, a lo mejor, alguien les da más valor.
¿Qué le hemos hecho a los huracanas? Velocidades inusitadas y devastación y muerte por doquier. Y ¿qué hacemos? Lamentarnos la mayoría y, algunos, cooperar.
Creo que la contaminación es un polo de atracción generadora de esas velocidades ultra huracanadas.
Pero ¿Quiénes provocan el fondo de los orígenes del cambio climático, de  la violencia de los huracanes, de las sequías, de las inundaciones, del derretimiento de los polos…?
Nosotros, los seres humanos. Los que nos consideramos civilizados.
Sabemos como nunca y destruimos como nunca. ¿Qué culpa, qué daño nos ha hecho la Naturaleza para que la tratemos así?
¿Quién sustituirá a  la Naturaleza para vivir de forma natural?
¿A qué esperamos humanos buenos y solidarios? ¿A que llegue el punto de no retorno?

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