viernes, 20 de diciembre de 2013

La Limpieza

Por Luis C. García Correa
¡Qué importancia tiene la limpieza! ¡Tanta que sin ella no existiríamos!
Todo, absolutamente todo lo que hacemos y decimos los seres humanos está limpio o sucio.
¿Qué es lo único que no pueda hacer la limpieza? Ensuciar.
Pero esto es para todo: tanto en lo que se refiere a la materia como al alma.
La limpieza es la medida de la honestidad, de la bondad, del amor y de la libertad.
¿Quiénes tienen el alma limpia? Los seres humanos santos.
¿Qué macha el alma? La suciedad del pecado.
En la medida que somos y estamos limpios, en esa misma medida somos y repartimos la felicidad.
La credibilidad, la laboriosidad, la honestidad… dependen directamente de la limpieza.
Mi credibilidad descansa en la limpieza de mi comportamiento y de mis palabras.
La suciedad del cuerpo y del alma, solo se limpian con la limpieza.
O vivo en la limpieza, y todo es reluciente; o vivo en la suciedad, y todo es opaco y mal oliente.
Amemos la limpieza. Seamos limpios de mente y de corazón y brillará el resplandor del amor.
Todo, absolutamente todo debemos hacerlo con limpieza. La suciedad del cuerpo y del alma provoca la infelicidad.
“Los limpios de corazón verán a Dios”. Y, en este mundo, los limpios de corazón serán los reconocidos, los admirados y los respetados por el enorme poder de su verdad.
Participemos siempre con limpieza y alcanzaremos las metas deseadas.
La limpieza tiene un poder ilimitado. Sólo la frena la suciedad del cuerpo o del alma.
La limpieza en el corazón, hace al hombre creíble, le da toda la razón y lo hace libre.
Pero para ello es necesaria la honesta participación.

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