martes, 17 de diciembre de 2013

La mansedumbre



Por Luis C García Correa

La mansedumbre significa fortaleza. No es propia de blandos ni de amorfos. Se apoya en tener fortaleza de espíritu. Es el dominio de sí mismo, que es el arma de los fuertes.
La virtud de la mansedumbre es la que da fortaleza a los mansos. Es como un escudo que nos protege de los embates de los iracundos.
Y en sus diversas manifestaciones modera y rectifica la ira a la que la deja actuar cuando es necesario y además en la medida necesaria. Ejemplos: hablar demasiado pronto, de decir  palabras que luego nos arrepentimos…
La ira es justa y santa si guardamos los derechos de los demás, y en especial el respeto a Padre Dios.
Los creyentes tenemos aquella frade de Jesucristo: “Aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón”.
Esta virtud nos enseña a ser justos al valorar, a no precipitarse al corregir a alguien, a no perder la paz, a extremar la caridad, a saber callar y a saber sonreír en su momento, a tratar bien a los demás. También a defender la verdad y los intereses de los demás como los de Padre Dios.
La mansedumbre está muy relacionada con la humildad. No significa actuar cobardemente, sino  con una  santa osadía, en especial ante la injusticia
Lo contrario a manso no es libre, sino salvaje. Y lo contrario a mansedumbre no es libertad sino salvajismo.
La mansedumbre sabe esperar el momento adecuado ante decisiones.
Los soberbios son un ejemplo de falta de mansedumbre.
Otros ejemplos de falta de mansedumbre son: los exabruptos, la falta de afabilidad, la rigidez. Encima son causa de sentirse uno solo, es la clásica soledad que tienen los egoístas, del que siempre está descontento, del resentido, y con ello se consigue aislamiento, frialdad, resentimiento, desconfianza…
Los mansos poseerán la tierra. Nuestra sonrisa habitual,  el buen humor, la afabilidad, tener y dar caridad y de todas las formas.
Seamos mansos y humildes. Examinemos nuestro comportamiento para hacer la vida agradable a los demás. No pretender tener siempre la razón, y que comprendan que tratamos de ser mansos y justos.
Ahora es tiempo de pasar por alto los roces, y de reforzar la mansedumbre que nazca del corazón.
La compresión, la razón sosegada y todo lo que hemos descrito, nos dará la virtud de la mansedumbre. Así seremos el padre, el marido, el hijo, el amigo, el vecino, es decir, seremos el honesto ciudadano que reparte gratuitamente la paz, la felicidad y aumenta la libertad.
Será el paradigma que tanto necesita la sociedad actual, y trataremos de seguirle imitándole y dándole las gracias por el bien que reparte.
No lo dude, por favor. ¡No sabe cuánto la, lo necesitamos!

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