sábado, 1 de marzo de 2014

Me echaron el guardia en un supermercado de Tamaraceite

Por Antonio Domínguez Herrera
Les cuento en relato simple, pero exacto, lo que en una gran –pero pequeña en su gestión- superficie, el jueves a la tarde padecí. No doy nombres de los depreciados y de lo depreciable porque parezca esto un invento, o una suposición, o una presunción.
Iba con mi hermano Perico a comprar el jamón cocido y la mortadela y me quedé en la sección de vinos y rones a esperarle; acorralado él en magnífica cola.
He de decir que se me va la noción del tiempo, cuando espero a alguien metido en compras en el supermercado. Cuando parece que estoy mirando vino (en este caso) a lo mejor, estoy reflexionando un artículo que me inspira cualquier momentánea calamidad observada. Yo declaro que ya llevaba bastante tiempo, prácticamente estático, adorando la estantería; cuando vi salir a un tipo regordete, blanco como la leche, pelado a la moda maleante presidiario, chico ataponado y rayando el enanismo físico. Más que cara de subnormal, paranormal o anormal, tenía una cara de tolete…  ¡¡Ay mi madre santísima!!
Como venía diciendo, salió moviéndose rapidísimamente él a mover las botellas de la estantería al mismo alto ritmo, haciéndose el que reordenaba la botellería. Me dirigí a él, a pesar de que sabía que me estaba expulsando, y le dije, por averiguar algo salido de aquélla reducida cabeza: ¡Ay que ver lo lindas que son las etiquetas en botellas de las bebidas alcohólicas!, y él me contestó  con extrema amabilidad que respiraba escondida trampa y maledicencia: ¡ya usted ve, a mí los vinos nunca me han llamado la atención¡, etc. El muy ladino, me escuchó hasta que llegó el avisado guardia de seguridad que se posó desafiante y disuasorio en la esquina de los vinos de a 12 euros.

En cuanto llegó el vigilante, el de cerebro de mosquito se fue a otra parte moviéndose deprisa. Al guardia, flaco y largo como las esperanzas de un pobre, seguramente le inspiré honradez y noté como si sintiera vergüenza, el pobre hombre.
A todas éstas, Perico no aparecía y yo hablaba con el guardia. No me contestaba, pero me sonreía con mucho respeto y complicidad, diciéndome en las mudas lenguas que él no podía hacer sino lo que le mandan. Y de ello, estoy seguro.
Ya tenía mi monólogo en marcha, al cual el guardia sonreía (buena persona), cuando vino otra vez el retaco a decirle al guardia cosas de un partido (fútbol), de a qué hora era; todo ello en una meridiana torpeza, sin pedir permiso para romper una conversación de gente mayor, yo de voz y el guardia de asentimiento en el silencio.

Cuando Perico llegó de la charcutería, le dije en voz alta: ¡Perico me echaron el guardia!, Perico le miró y el pobre joven le miró elocuentemente. A pesar de lo que se aplicaron y se me aplicó para echarme del establecimiento. Y si bien el seguritas se pasó de educado, el otro, el mequetrefe, también lo fue en la primera vez que me dirigió la palabra, para ganar tiempo (si bien me faltó luego el respeto, metiéndose en conversación sin permiso, como se dijo antes).
Como internet se lee en el mundo entero, voy a hacer una sugerencia. Sabemos que, a vigilar los pasillos a través de cámaras, no se pude poner a Aranguren o a Einstein. Por lo tanto, hay que poner al que no sirva para otra cosa. Aquí viene lo bueno, porque a estas personas no se les puede confiar que piensen por sí mismas, mientras los clientes vayan bien, excepto cuando un cliente se salga de madre; ponerle obligación fija para que responda; jamás permitirle hacer nada de libre albedrío.
A mí me parece bien que encargaduchos o personal seguritas de turno, vigilen por todos los medios sus mercancías, para eso le pagan. Extraordinario me parece que no dejen entrar a quien haya robado antes en la sala, convicto y confeso. Es extraordinariamente legal, y lo aplaudo, que a individuos que se han cogido aunque sea una vez robando –de dejarlos pasar- se les ponga un guardia detrás. Pero a individuos que no se les haya cogido nunca, ni en la más mínima simpleza (de ser sospechoso), hay que vigilarlo  exclusivamente desde los cuartos de cámaras. No se las puede dar, cualquier macaco, de catedrático en estudios por acción de la mirada y gestos. No hay una ley que prohíba al cliente deambular desde la mañana a la noche en cualquier tienda.
Las caras de las cajeras eran un poema cuando pagábamos los embutidos, aleccionadas por pinganazos, de los bandidos con quienes habían de tener cuidado extremo para que no pasemos nada sin pagar. Las cajeras no contestan, se tupen, con cara de becerras añojas y las personas allí reunidas intuían que algo hemos hecho porque nos miraban con el rabillo del ojo. No se puede acorralar a una persona para expulsarla de un local público y con maneras de buena crianza echarles a la calle como agua sucia, poniéndole un guardia a pisarle los talones para así no tener que estar más tiempo pendiente de la cámara. Si cada vez que el tolete en cuestión equis cree ladrón a cualquiera tatuado, por ejemplo, ¡que lo están todos!, y lo espanta para que se vaya, podrían quedarse sin un solo cliente, porque a saber quién es el macho que no tiene un equipo o es vago o carnavalero… o está tatuado. ¡¡Por esa locura habría que vigilarlos a todos!!
Parece mentira pero hasta el capital está necesitado de sugerencias; porque se equivoca a pesar de poder pagar toda ciencia y lo que sea. Los negocios de alimentación se destacan (y nunca caerán) por la suficiencia de sus empleados. Vale más subir un poquito los precios y armarse de personal con conocimientos totales de, para lo que se trate.
Muchas veces (el capital cuando se equivoca) deja ese gran grueso cabo suelto; si no se amarra a tiempo viene la ruina; grandemente antes de tiempo.


15 comentarios:

María Jesús dijo...

De acuerdo. Una realidad como un templo. Tratan mejor al vandalismo que a la persona normal. Muy buena reeflexión

Anónimo dijo...

Cuánta razón lleva Maestro. Y lo lamentable es que sucesos como el que describe ocurren casi a diario, sin que se tomen medidas al respecto. Justos por pecadores.

Anónimo dijo...

La verdad es que hay que tener la consciencia tranquila ante el veredicto exculpatorio de todo su pueblo y vecinos. Y es que el mundo está lleno de supermercados, con fuerte aparato defensivo contra los robos.

¡Todos los días¡ se cometen conductas vejatorias al cliente, por exceso de celo, y nadie las denuncia por temor al que dirán de: ¿será verdad que el tipo intentó mangar?.
Por todo ello ¡ole¡ por su valentía D. Antonio.

Anónimo dijo...

Olé

Anónimo dijo...

!Sí señor!. Y otro olé pa usted. !OLÉ!.

Anónimo dijo...

!Sí señor! Y de mi parte otro OLÉ pa ustef

Anónimo dijo...

DOÑA MARÍA JESUS. De acuerdo con su acuerdo. Le reconozco (demuestra) capacidad de empatía con el perseguido inocente.
No puedo dejar pasar que declara mi quebranto, de, una realidad como un templo. Ha sido capaz de ver un gran sufrimiento en mi lenguaje. A todo esto le doy a usted las gracias y me quedo con la alegría de que usted haya considerado mi reflexión de: muy buena.
Antonio Domínguez.

Anónimo dijo...

SEÑOR/A ANÓNIMO DE LAS 19`37. En su “cuánta razón lleva maestro”, veo que usted le ha echado cabeza al asunto. Yo he llegado a la conclusión de que las personas puntillosas con la dignidad, honradez, caballerosidad, etc. No debemos entrar en supermercado. ¿Porqué?; porque si es persona importante le deslizarán en el bolsillo anillo o reloj valioso, avisarán sus enemigos a los reparte queques y quebrantahuesos de que el de la chaqueta color tal cambó la mano y se entrará toda la ciudad a todos los efectos. Por su opinión: MUCHAS GRACIAS.
Antonio Domínguez.

Anónimo dijo...

SEÑOR/A ANÓNIMO DE LAS 19`41. Es verdad lo que dice. Yo a lo largo de mi vida he cometido miles de torpezas, algunas, de gravedad pero, jamás he robado. Por ello me indignó el asunto. Por eso me atreví a hacerlo público. La pregunta esa que en buena lid puede hacérsela cualquiera, no me mete miedo porque en el pueblo de Tamaraceite entero que me conoce, es, que ni se la hace. Gracias por su desinhibición de clara inteligencia; puesta al servicio de mi contingencia. Por pasar: MUCHAS GRACIAS.
Antonio Domínguez

Anónimo dijo...

ANÓNIMO DE LAS 9`15. En su olé va absolutamente todo comentario favorable a mi persona y a la justicia. Por lo tanto cuando alguien elige una expresión tan corta es que tiene dentro un mundo e indignación y enfado tan grande, que le es imposible expresarse. Valoro ese olé en toda la grandeza que tiene. Me congratulo con usted compañero de fatigas. Sé como se queda uno de imposibilitado para hablar; cuando lo que tiene son verdaderas ganas de peliar.
Cuando uno se encuentra frente a frente con el exceso de celo despachándose a placer, sin que nada se pueda hacer, se queda uno mudo. A pesar que a mí, en mi caso, me dio por la locuacidad. Sea verdad o mentira; no lo puedo saber, es, que me quede en ese extravagante momento, loco como veleta inmersa en un mal sueño. MUCHAS GRACIAS COMPAÑERO/A.
Antonio Domínguez.

Anónimo dijo...

Desde luego, en Tamaraceite hacen falta más comentaristas de su CALIBRE. Le felicito por su artículo tan acertado y si me lo permite ... !que viva la madre que a usted lo parió!
Siga así.

Anónimo dijo...

Graciaa

Anónimo dijo...

Le escribo porque a mí me pasó algo similar, y qué mal rato pasé. Luego pidieron disculpas, de aquélla manera; pero y qué pasa con la vergüenza y el mal rato que me hicieron pasar, tratándome como a un delincuente. No hay derecho que a gente de bien, humilde y con principios se les prejuzgue de esa forma cual si fuera un delincuente. Así que ENHORABUENA por su artículo.

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con su comentario. Primero que se cercioren y luego que actúen. Que no hay derecho a que uno tenga que pasar por incidentes tan desagradables y encima gratuitamente.

Anónimo dijo...

¿Y cuando venimos saliendo de unos grandes almacenes con nuestras compras y nos suena la alarma porque a la srta. de turno se le olvidó quitar la cosa esa magnética?
Me ha pasado varias veces, la última
antes de Reyes...Pasas porque honestamente has comprado y no tienes nada que ocultar y...¡Alarma que te pego!Y te empiezan a sacar cosas de la bolsa y pasarlas por el aparato a ver la que suena. ¡Y a todo esto te "agarras" un mosqueo qué pá qué! Luego a una le da pena que le llamen la atención a los dependientes...