lunes, 21 de abril de 2014

Carta de Suso Vega a sus feligreses por Pascua de Resurrección

Por Jesús Vega Mesa
Me alegra mucho compartir con ustedes este Día Grande de los que creemos en Jesús. Aunque no esté presente, lo estoy viviendo con ustedes igual que he vivido esta larga cuaresma que me ha tocado.
Si recuerdan, todos los años en las Fiestas de Pascua he invitado a alguna persona de la comunidad a contarnos su testimonio de vida cristiana. Hace mes y medio, como sabe la mayoría de ustedes, ingresé en el Hospital Insular. A medida que pasaban los días, yo me ilusionaba pensando que hoy iba a estar aquí con ustedes y celebraríamos juntos esta gran fiesta. Y en este ambiente de familia, yo les contaría lo que he vivido y cómo lo he vivido. No ha sido posible, pero me ilusiona mucho poder contárselo ahora, aunque no sea de viva voz, pero sí con esta carta que escribo desde el corazón.
Voy a empezar con una anécdota simple. Hace quince días, la enfermera que me atendía, se sorprendió y me dijo:
-“Tienes un tatuaje en la espalda, de la cruz de Jesús”
Yo me sonreí pensando que era una broma suya y entonces también ella cayó en la cuenta de que había pasado toda la noche acostado sobre la pequeña cruz que llevo al pecho. Y efectivamente, parecía un tatuaje. Esta anécdota me hizo pensar en muchas cosas. ¡Ya me gustaría a mí tener tatuado en mi vida a Jesús!

Estar en el Hospital, me ha hecho valorar a muchas personas y muchas cosas que a veces uno no tiene en cuenta suficientemente. En este sentido, creo que la cuaresma del Hospital me ha ayudado a convertirme y mirar más en positivo. Me dan ganas de darle gracias a Dios en primerlugar por la familia. Su sacrificio, el apoyo, la presencia constante, etc.
La Parroquia y los amigos han estado en todo momento en mi memoria y en mi corazón. Sé que ustedes han estado pendientes de mí y me han dado el ánimo que en cada momento necesitaba, con sus saludos, mensajes y sobre todo su oración.

Y los trabajadores del Hospital. He estado en la planta 8-Sur y en la Unidad de Cuidados Intensivos. En todo momento me he sentido cuidado, querido, tratado no anónimamente sino llamándome por mi nombre; ningún mal gesto y mucha paciencia. Por si fuera poco, palabras de ánimo y comprensión. Les estoy totalmente agradecido.
A pesar de todo, quiero ser sincero. Sin llegar al desánimo, a veces lo he pasado francamente mal. Ha sido en esos momentos en los que he rezado más y sin embargo, es cuando más me ha costado rezar. Porque no he pedido a Dios tanto por mi salud sino que se haga lo que Él quiera. Se lo he dicho de corazón, pero al mismo tiempo preguntándome:
-¿Suso, sabes lo que estás pidiendo a Dios?
-Sí. Sí que lo sabía. Ésta era mi oración.

“Padre, me pongo en tus manos.
Haz de mí lo que quieras.
Sea lo que sea, te doy las gracias.
Estoy dispuesto a todo.
Lo acepto todo,
Con tal de que tu voluntad se cumpla en mí.
Porque tú eres mi Padre”

Esta experiencia que les cuento me ha dado muchas satisfacciones. Por mi mente estos días han pasado los nombres de cada uno de ustedes. He tenido mucho tiempo para recordarles y alegrarme de tenerles como amigos. He tenido conversaciones con muchos trabajadores del Hospital donde hemos compartido vivencias, problemas religiosos, familiares y también me he sentido cura aquí, como Eusebio y Octavio que me visitan cada día. Un amigo no-creyente me decía: “Creo que no he rezado desde niño pero esta vez, he rezado por ti”. Y aquí, en medio del libro del Evangelio, mi compañero de cada día, guardo la cruz que algunos niños me han enviado, los dibujos y mensajes. Me emociona contemplarlos.

Y ahora es Pascua y vislumbro un tiempo, el que sea, en el que quiero vivir con más plenitud la resurrección de Jesús. Estoy débil, todavía me queda tiempo para recuperarme, pero sé que voy a sentirme más feliz que nunca en la Parroquia. Me ilusiona ser mejor persona y mejor cura. Me gustaría seguir compartiendo esos momentos inolvidables con los jóvenes en la Parroquia, siempre alegres, siempre cariñosos y que me transmiten mucha felicidad. No concibo mi vida de cura sin las sonrisas, canciones y alegría de los niños en la misa del domingo. Me gustaría acompañar mucho más a los catequistas y animadores de jóvenes, a los grupos de Cáritas con el valioso trabajo que realizan, valorar el trabajo constante de los que están en liturgia, de los que siempre están dispuestos a todo y tienen una palabra de ánimo o de disculpa para los otros.

Quiero agradecer el trabajo de los compañeros sacerdotes. En especial, Mederico y Juan Jesús que me han dado la tranquilidad de saber que la parroquia estaba en las mejores manos.

Les animo a vivir con mucha alegría esta Pascua. Ojalá el mensaje de Jesús en esta Pascua quede tatuado en nuestro cuerpo y nuestro corazón. Que se note que somos hermanos, que todos buscamos lo mismo y por eso nos apoyamos, nos perdonamos y trabajamos para que nuestra Comunidad sea un ejemplo de la Comunidad que Jesús nos propone.

Cuando termine la misa celébrenlo como mejor sepan: canten, bailen, jueguen, diviértanse……. No me verán porque no estaré ahí, pero les aseguro que, en una cama del hospital, lo estoy celebrando con ustedes. Siempre les he querido. Pero permítanme decirles que hoy, un poquito más. ¡FELIZ PASCUA DE RESURRECIÓN!

Fuente: http://parroquiasdearinaga.blogspot.com.es/ 

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Desde Tamaraceite te mandamos mucho amor y mucha fuerza para que puedas superar tus malos momentos. Te queremos.

Pedro Domínguez Herrera dijo...

emotiva carta, pocas veces se lee algo tan sencillo y tan profundo con giros evangélicos en que lo que prima es el amor al prójimo y la aceptación de la voluntad de Dios. Me hace muy feliz el saber, a Dios gracias, que estas saliendo y sanando del problema de salud...

Pedro Dominguez Herrera

Tino Torón dijo...

He leído la carta, llegándome su voz la sonrisa y semblante, esa que Dios le ha dado y que alumbra a los demás en momentos buenos y malos.
Nos cuenta que ha vivido desde ese lecho de sufrimientos compartido con los demás trasmitiéndonos esa lección de la paz, la que se nota mas cerca en los momentos difíciles.
Gracias por haberle conocido como tantas personas que me encuentro cada día en el camino.
Con el deseo de la recuperación junto a todos aquellos que la sufren, me despido con la sonrisa de vida.

Sergio Naranjo dijo...

Me alegra saber esas noticias, profundamente. Cuídate, el camino de Emaús se hace con quienes creíamos desconocidos y resulta que eran hermanos.
¡Feliz Pascua!

Anónimo dijo...

Suso vaya desde aquí un Abrazo de Animo,que no hace falta dártelo ya que la fe te impulsa hacia adelante con fuerza,tu sabes que estos momentos sin pretenderlo tu,eres un ejemplo para mucha gente,falta de coraje ante las adversidades de la vida.
Te deseo lo mejor y sabes que no estas solo tienes mucha gente que te quiere,yo sigo un protocolo impuesto por mi en todo de estado de salud de los amigos,no me gusta dar el coñazo,pero ten seguro que todos los días pienso en el amigo,ya en su momento como hacíamos antes nos tomares un café o una cerveza,Un abrazo fraterno de este que te estima,Juan M Calderin.Tu amigo

Anónimo dijo...

Don Jesús Vega Mesa: aunque mis deseos a mí nunca me han servido para nada, se los doy a usted de mis mejores, para que con ellos se cure radicalmente. ¡Le deseo que tenga más suerte que yo con estos mis anhelos, que en buena fe humana, le regalo; en lo único que puedo y quiero, que es, agasajarle!
Creo haber hablado una vez con usted. Es evidente que me mueve el hombre y no su oficio. El hombre es compañero mío de escribir en mismo sitio. El hombre siempre cumple estricto e incansable con su trabajo; sin desalar ni atemorizar. El hombre siempre lo es sin revestirse de la humildad del cura (soberbia). El hombre escribe en la página ejemplos de la vida; sin propaganda, sin segundas, sin intención de captación. No será usted un gran cura si yo le quiero; pero seguramente tira para gran hombre.
Cúrese Don Jesús le espero, pronto, para su colaboración aquí.
Antonio Domínguez

Eva Mª Molina dijo...

No tengo palabras ante esta carta tan hermosa. Mis mejores deseos de recuperación. Sé que el Señor le ayudará a cumplir sus deseos de reencontrarse con su ahora parroquia, con los niños y con toda la gente que me consta le quiere por "esos lares", aunque ya sabe que Tamaraceite sigue queriéndole como si siguiese siendo su párroco. Que Nuestro Señor, en el que tanto confío le de la recuperación que necesita muy pronto. Con mis mejores deseos: Eva Mª Molina