lunes, 21 de abril de 2014

Chabolismo de ciudad encubierto

La Provincia. El patronato de Tamaraceite es uno de los barrios que esperan por la reposición de sus viviendas desde hace 17 años. Sus vecinos, hastiados de los políticos y sus promesas, viven con resignación en casas llenas de humedades y malos olores. Cada vez hay más personas mayores y más jóvenes sin trabajo.


Huele a ácido, como a orín y humedad. Las cañerías a plena vista que bajan por las paredes de las viviendas, junto a las ventanas, están dañadas y las aguas fecales o de uso doméstico gotean por ellas hacia la calle. En verano el ambiente se llena de bichos. Las paredes están dañadas, los cables de la luz surcan las fachadas sin orden y hay balcones tapiados de las 26 familias que han logrado irse a nuevas viviendas, en el barrio de La Galera, los únicos que se han marchado del patronato de Tamaraceite, los bloques de 354 viviendas aquejados por aluminosis, enfermos en sus cimientos, que se han ido parcheando y donde el deterioro es cada vez mayor, como sus inquilinos.

La vejez anida en estos edificios sin ascensor. Muchas de las personas mayores que viven en pisos altos no pueden salir. En los patios centrales quien más quien menos ha levantado una chabola, bien para agrandar la planta baja (sótanos) en los que viven o bien para cobijarse de la calle. La droga campa a sus anchas y cada vez hay más jóvenes en las esquinas trapicheando para sustentar a la familia, justo al lado de un colegio y de un centro de salud. Estas viviendas se han quedado sitiadas en medio de Tamaraceite, desde que se edificaron hace 47 años con malos materiales y escasos metros cuadrados.

"Somos los que construimos el país y nos han abandonado aquí en medio", afirma el presidente de la asociación de vecinos de estas viviendas, Antonio Rodríguez, un gallego con pensión de invalidez, padre de dos hijos de 16 y 9 años, que lucha por que les hagan caso. No quiere saber nada de las peleas entre los políticos. Lo que reclama es que visiten el barrio, vean cómo viven los vecinos y cumplan con los compromisos que, desde hace 17 años, les han ido prometiendo los sucesivos gobiernos, sobre todo en fechas electorales.

Este barrio de Tamaraceite es uno de los que conforman los 32 convenios de reposición y rehablitación pendientes de ejecutar por el Estado, el Gobierno canario, ayuntamientos y cabildos. "Son cuatro administraciones y no se ponen de acuerdo", afirma. Mientras, los vecinos malviven y los jóvenes se dedican a la droga. "No tenemos parques para jugar, ni locales sociales. Está creciendo la delincuencia y nadie viene para hacer nada. Tengo 37 escritos al alcalde, Juan José Cardona, y vamos a ir al Diputado del Común. Nos han abandonado porque somos pobres", sostiene.

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