jueves, 12 de enero de 2017

¿EUROPA NO PUEDE INTERVENIR EN PAISES DE JUSTICIA HERIDOA DEL ALA?

Por Antonio Domínguez
De la primera parte de “los orígenes del problema de San Lorenzo” he hablado en otras ocasiones, pero todavía queda la segunda parte. Si recuerdan algo de lo que dije en aquel momento, dichos orígenes se asentaron en las acciones de los saqueadores cuyo Dios Verdadero es el Caudillo.

En definitiva, nuestro Excmo. Ayuntamiento “desapareció” y ya nada funciona en el cantón de San Lorenzo de Tamaraceite. Mientras tanto, las mayorías de aquí nos peleamos con las mayorías de abajo, que no nos quieren devolver lo que nos han quitado; y las minorías de aquí –esquiroles; hay otras palabras, pero son peores– se pelean con las minorías de abajo, claramente étnicas, que no quieren quemarse las manos poseyendo algo que no les pertenece y que, para colmo de males, es de vil procedencia. En resumen, nos peleamos todos a la vez en una guerra sórdida, mental y silenciosa, aunque cualquier cosa lo es después de la convulsa noche de armas. Y así seguiremos hasta que amanezca y la tangana aparezca en los periódicos junto a las altisonantes declaraciones de los bandidos, que están a punto de perder esas propiedades que adquirieron movidos por la avaricia y que desencadenaron el robo de nuestro municipio al completo. Entonces, y solo entonces, no habrá quien calle a los periódicos, que escupirán en un instante toda la información que no han querido revelar en ochenta años. Eso sí, todo esto acontecerá cuando La Haya se pronuncie a nuestro favor.

Aun así, y si tenemos un poco de esperanza, puede que algún día aparezca aquí un juez de honradez admirable por la enorme empatía que profesa a los que son huérfanos de la tierra, o sea, han quedado desposeídos de sus raíces y su cultura. Alguien, por ir un poco más allá en mi retrato moral, que tenga el don de sensibilizarse con el damnificado, el dañado, el atropellado. Creo que no es mucho pedir un juez que sea, como mínimo, un ser humano de verdad, bien hecho y bien acabado; como lo fuera el juez de jueces, Garzón, que le paró los pies al sanguinario Pinochet en esa gran cloaca –pues no sirve para beber– llamada Támesis.

Y mientras esperamos y rezamos por el advenimiento de un juez elogiable, los de abajo se degradan todavía más y se bañan en su creciente decadencia, ultimando nuevos planes para nuevas grandes urbanizaciones en las que, más seguro que supuestamente, se olvidarán de más del 50% de los servicios y equipamientos esenciales; y todo ello ante las mismísimas narices de la fiscalía, que ni siquiera tiene valor para actuar de oficio y que detendrá cualquier proceso hasta que los hijos del Excelentísimo Ayuntamiento se pronuncien para decir en alto qué es lo que quieren y el asunto se arregle por sí solo. Pero no harán caso alguno a ninguna reclamación y por eso aquí seguimos, sin que el Ayuntamiento nos haya sido devuelto. Sabemos que la Justicia se eterniza, y más si tenemos en cuenta que los de abajo tocarán en todas las puertas posibles y recurrirán a todas las sentencias perdidas, pruebas de los abusos judiciales cometidos.

De hecho, que recurrirán a todos los tribunales europeos a los que se pueda es algo de lo que no cabe duda, desde donde serán machacados por nuevos y multimillonarios porrazos jurídicos, aunque no antes de ser desplumados como gallinas japonesas. Así seguirá este entuerto, pasando por muchas manos defensoras hasta que llegue al fin el cirujano que tenga los recursos médicos necesarios para amputar lo que haya que amputar, y que, ya de paso, sea hábil para transportar personalmente al cementerio los desechos quirúrgicos que queden, que van a ser gigantescos si trabaja con la precisión que el asunto necesita. Aun así, lo dicho: en lo que esperamos, con o sin paciencia, esos que ya he mencionado terminarán de cargarse nuestros hermosos valles tropicales a base de mastodónticas tiendas multigénero al más puro estilo americano (del norte); y para muestra un botón, pues el barranco grande de Tamaraceite discurre hoy por hoy por una tubería que se extiende bajo muchas de esas megaconstrucciones.




Por otro lado, de aquí a que llegue a satisfacerse nuestra memoria histórica ya nos habremos mezclado con personas de las cinco razas que nos habrán inyectado todo tipo de problemas, y las contribuciones y demás impuestos se los llevarán del modo y la forma que les dé la gana; y es que, como comentan los gauchos argentinos del Martín Fierro, “las penitas pa' nosotros las vaquitas son ajenas”. Pero lo peor será que se erigirá una cucarachil fila de enormes construcciones que se sumará a las ya obsoletas, y ninguna será gestionada ni con inteligencia, ni con determinación. Por eso mismo involucionarán hasta transformarse en áreas marginales que, como es natural, contaminarán los alrededores de tercermundismo.

¿Resultado?, que la magnificencia de la legítima y futurista visión de nuestro Excmo. Ayuntamiento, en la que no había cabida para desastres de este calibre, se empaña cada vez más con los fantasmas, muy reales, de la fragmentación social y de las actividades parasitarias que nada tienen de la antigua nobleza de nuestro cantón. Si nos hubiesen dejado seguir gobernando en él... Porque, de habernos dejado, nuestros desastres culturales, ya sean los relacionados con el aspecto económico o social, estarían hoy en día reducidos a su mínima expresión; y no como ahora, que están en su punto álgido y son inaguantables. Porque, para una persona seria que ha recibido un mínimo de formación, la torturante bulla de la banda de Agaete y el estridente ruido que machaca a todas horas son peores que los de una película de acción de mala calidad.

Eso sí, está clarísimo que, en su fuero interno, los de abajo ya se han movido para llevar a cabo multitud de estudios, análisis y reflexiones de lo que se les viene encima por la vía de los tribunales; solo que, obtusos en su estrechez de miras, han optado por el astuto, medroso y absoluto silencio y por esconder la cabeza bajo el ala. Es por ello que todos los alcaldes que se han ido sucediendo unos a otros desde el comienzo de la usurpación histórica son, cuanto menos, dignos clones de esos primeros usurpadores; aunque, como siempre, supuesta y presuntamente. Pero no debemos olvidar una circunstancia fundamental: las motivaciones que les animan a conservar lo que una vez fue expoliado son distintas entre sí en tiempo y contexto pero exactamente iguales en todo lo demás. Cierto, los de ahora no han asesinado ni depositado ninguna pistola sobre la mesa, pero sí que perpetúan el delito original y la mentira.

Porque yo considero delito lo que una vez un alcalde, en un acto de cinismo manifiesto, exclamó a los guardias que lo rodeaban: “San Lorenzo fue muy generoso anexionándose a Las Palmas!”. ¡Habrase visto tamaña cara de cemento y mayor despliegue de manipulación...!

A pesar de todo, son las voces de esta gente la que tienen peso, mucho más que la liviana y maltratada memoria histórica que tan fundamental es para los hijos de San Lorenzo y para el ser humano en general. Recuerden esto: la memoria histórica nos da libertad de pensamiento.

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