lunes, 24 de julio de 2017

La hidalguía y el hidalgo

Por Luis C. García Correa
La hidalguía es un valor permanente, de una gran actualidad. ¿Por qué? Porque el hidalgo, por su hidalguía, ha sido quien ha luchado por el bien de los demás, al menos, desde el primer minuto de nuestra era.  La hidalguía es descender de Reyes. Tanto por vía paterna como materna.  Un ejemplo claro ejemplo de ello  lo encontramos en los aborígenes de Gran Canaria, en España. Ellos poseían un sistema de organización basado en el matriarcado: la mujer tenía la autoridad y la delegaba. En la actualidad proceder de ellas debe tener el mismo valor que la varonía. Sin necesidad de reclamar y vociferar por el antimachismo
Ser hidalgo es una herencia de quienes nos han precedido y ocupado un puesto de la mayor responsabilidad al descender de Reyes, lo que nos hace tener un comportamiento especial y singular en honestidad, humildad, y fidelidad y todo por amor a los demás.
Consecuentemente, la hidalguía no es una farolería, ni una fanfarronería, y menos una alharaca, ni un sello preeminencia social, sino una herencia que obliga a un constante y continuado comportamiento de honestidad, humildad y caridad, luchando por sembrar  amor y por el servicio a los demás.
Cervantes describió al hidalgo y a la hidalguía de una manera sublime, embriagadora y genial con una literatura magistral, maravillosa y universal, difícil de imitar y más apta para admirar y considerar.
Y aunque esta virtud jamás se pierde por ser un patrimonio familiar, si que puede ser deshonrada  por un mal hidalgo. En este punto quiero afirmar  que solo se puede ser un buen o un mal hidalgo o hidalga, no existiendo término medio
El primero de los casos, es lo normal. La hidalguía se hereda por sangre, y con ella se transmite y enseña toda la tradición de la educación familiar.
Benditos sean los hidalgos buenos y honestos que dedican su vida a ayudar, porque la hidalguía y el hidalgo no son una moda sino una manera y forma de vivir y de actuar.
“¡La hidalguía es fidelidad, lealtad y honesta participación y todo por herencia, obligado cumplimiento y coronado por el amor!”
En el segundo caso, ser un mal hidalgo o hidalga es una deshonra, un deshonor, una vergüenza, un mal ejemplo y una desgracia personal y social.
El hidalgo como hijo de lo sano, lo bueno debería ser santo. Y por ello tiene la ineludible obligación de ser honesto, fiel y leal a su herencia y creencia, y todo por amor.
Ni la hidalguía ni el hidalgo han pasado de moda, ni pasarán. Al contrario, aumentará, porque cada vez hay más hijos de hijosdalgo.
He tratado de explicar qué es la hidalguía y lo qué es un hidalgo, porque nunca pasarán de moda, ni es algo peyorativo y en desuso, y menos una farolería, una presunción.
“¡La hidalguía jamás pasará de moda, porque es un modo de ser, de vivir y de actuar de acuerdo a la herencia recibida y sin necesidad de ser aceptada!”
“¡La hidalguía obliga por vida!”
Ser hidalgo debe ser, también, una alegría, un honor y gran responsabilidad, porque obliga a un comportamiento honesto, leal, fiel y lleno de caridad y de humildad, y en especial de amor a los demás.
“¡La hidalguía es una obligación que impele, que impulsa y dirige a la honesta participación!”
La hidalguía y el hidalgo deben ser un ejemplo por su lealtad, fidelidad y honesta participación.
“¡La hidalguía y el hidalgo no se crean, se heredan, lo que obliga eternamente!”
“¡La hidalguía obliga por vida!”

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