miércoles, 16 de agosto de 2017

Pureza de intención

Por Luis C. García Correa
La pureza de intención está muy relacionada con los motivos que nos mueven y nos conducen por el camino que hemos elegido.
Normalmente elegimos un camino de acuerdo a nuestros valores éticos, morales o religiosos. Y lo desarrollamos según la pureza de la intención que nos mueva.
Para ser personas de pureza de intención es conveniente examinar si los motivos que mueven nuestros actos están bajo la dirección de la pureza de intención.
Los creyentes lo tenemos fácil: considerar que estamos en la presencia de Padre Dios, que nos dirige a la pureza de intención, de hacer y de decir, para sentirnos consecuentes y fieles cumplidores de esa pureza de intención.
Hay muchas causas que inhiben o deterioran la pureza de intención: los falsos respetos humanos, el adaptarse al ambiente fácil y acomodaticio de los malos hábitos, la tan cacareada y espantosa corrupción, y así hay muchos otros males que nos arrastran si nos dejamos llevar por el mal, olvidando el bien de la pureza de intención.
No debemos olvidar dos condicionantes que inhiben la pureza de intención: la cobardía o la vanagloria que podemos tener. Por creernos santos o sabiondos podemos olvidar la pureza de intención.
La bondad, la humildad, la educación, la fidelidad… nos ayuda a ser personas de buena conciencia, de buena conducta y de pureza de intención.
“Que tu mano derecha no sepa lo que hace tu izquierda”.
Debemos ser testigos y actores del bien tratando de ser, vivir y actuar con pureza de intención.
Formar la intención es el cimiento de la pureza de intención.
Hay que ser leales y fieles al momento para no caer en la cobardía o en los respetos humanos por miedo al qué dirán, o por miedo a la opinión de los demás.
El deseo de alabanza es otra gran pega y traba para vivir y actuar con pureza de intención.
La honesta participación en la libertad nos llevará y conducirá por el camino certero de la pureza de intención, y con ella nuestros actos buscarán hacer el bien y evitar el mal, y serán así merecedores de gozar del bien y ahuyentar el mal.
La pureza de intención debe ser nuestro sentimiento y el comportamiento normal para poder tener y repartir la felicidad en la libertad.
Que la pureza de intención nos lleve a vivir y repartir la bondad en el camino de la santidad.
Que la pureza de intención sea lo que nos mueve y dirige para ir camino de la santidad.
La santidad, también, se cimenta en la pureza de intención.

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