miércoles, 12 de septiembre de 2018

Los impuestos

Por Luis C. García Correa
Los impuestos honestos y, por tanto, necesarios se crearon para solucionar los problemas comunitarios, sean personales, locales, nacionales o internacionales.
Problemas comunitarios son las necesidades que los particulares no podemos solucionar solos. Son los que explican la existencia de asociaciones, cooperativas, federaciones, Ayuntamientos y Gobiernos.
Las distintas uniones o entes sociales se crearon con el único fin de servir a la comunidad.
Esos organismos o uniones se crearon para servir al ciudadano y no para servirse del ciudadano.
Los impuestos son una obligación, una necesidad y una responsabilidad. 
¿Cómo mantener esas uniones u organismos sociales para que puedan funcionar? Con los impuestos.
Pagar los impuestos es una necesidad, es una obligación personal y social y es un cargo de conciencia.
Cuando esas organizaciones sociales no funcionan puede ser por dos razones: o porque quienes las dirigen y trabajan en ellas son unos corruptos, sinvergüenzas y ladrones; o bien porque los ciudadanos somos unos corruptos, sinvergüenzas y ladrones al no contribuir con nuestros impuestos y con nuestro honesto y unido comportamiento. En uno u otro caso “defraudamos”.
Amar a la Patria, a nuestro conciudadanos y al mundo entero obliga a contribuir con los impuestos y con todo aquello que esté en nuestras manos para ayudar en la búsqueda del bien personal, social y mundial.
“La globalización ha llegado, lo que nos responsabiliza a dar lo que debemos y podemos porque lo tenemos, y exigir que nos den lo que nos deben y nos merecemos”.
Santos y alabados sean las personas honestas al servicio de los ciudadanos: los vecinos, los funcionarios, los políticos  (…) que dedican sus vidas a luchar por el bien de los demás, y que cuando lo hacen sin pedir nada a cambio caminan por el sendero de la santidad.
Pagar honestamente los impuestos, pudiendo hacerlo, es una obligación irrenunciable, que nos debe llenar de alegría al contribuir al bien propio y al ajeno.
Anatema a los malos ciudadanos que no cumplen con la obligación de pagar sus impuestos, y anatema a los socios, funcionarios, políticos (…) que no cumplen con la maravillosa obligación de servir a los demás, sin pedir nada a cambio, pudiendo caminar por el maravilloso sendero de la santidad.
Es necesario pagar los impuestos, por honestidad y con honestidad. Es necesario que el uso, la dirección, y la administración de esos impuestos se haga con honestidad.
Anatema al que no paga los impuestos y anatema al malversador que los administra y no los dedica con honestidad, no solucionando los problemas de la comunidad.
Los impuestos son necesarios, y necesaria es nuestra contribución, como la honestidad de los administradores de esos impuestos.
La malversación de los impuestos - por el mal uso o abuso - es una irresponsabilidad grave al robar el tiempo y el dinero y el perjuicio de no hacer lo debido.
Los impuestos y pagarlos son una necesidad de honestidad.
Los impuestos reducen la maldad y eliminan la necesidad
Los impuestos son parte de la felicidad y de la libertad.

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