viernes, 12 de abril de 2013

Los padres de ayer y los de hoy

Por: Luis C. García Correa y Gómez

En un pasado no muy lejano, los padres teníamos autoridad. ¡Lo ha dicho tu padre! Y ya no había más que hablar.
El mundo ha evolucionado. Los cambios han afectado también al sentido de la autoridad paterna.
Afortunadamente, en especial para las madres, hoy se comparte todo, incluso en los ingresos. Antes, mientras que el padre se ocupaba de los ingresos familiares, la madre cuidaba de la casa y de los hijos.
En una familia educada, era norma natural de conducta la total y absoluta obediencia al padre.
La madre tenía un poder de decisión superior al padre en los asuntos familiares. El padre se apoyaba en su mujer para tomar las decisiones más importantes.
Los temas estaban más estratificados. Había un reparto de poderes y de obligaciones.
Era más fácil criar y educar a los hijos. Los padres tenían mucho más tiempo para dedicarse a sus hijos. La madre, normalmente, no trabajaba fuera de casa, y podía dedicar todo su tiempo y cariño a sus hijos.
Hoy la sociedad tiene que buscar una solución a los padres que tienen hijos.
No se puede educar a los hijos sin dedicarles tiempo todos los días: al levantarse, al acostarse, las comidas a sus horas, ver lo que comen y cómo lo comen, los baños etc. etc.
¿Cómo pueden educar a sus hijos un padre y una madre que trabajan a las mismas horas?
Es imposible.
Pienso que una parte importante de la drogodependencia, de la agresividad, de las separaciones matrimoniales etc. tiene su origen en la falta de una educación familiar diaria. Quienes pasan por estas situaciones conflictivas se criaron sin la dirección diaria de sus padres.
Nunca tiempos pasados fueron mejores, pero la sociedad se deteriora con lo que hacen sus componentes. Creo que la sociedad está gravemente enferma en cuanto se refiere a la familia.
No hemos retrocedido en prestaciones. Hemos retrocedido en valores.
No sabemos valorar los hechos, porque no tenemos los parámetros de seguridad y de confianza que proporciona la educación recibida en la convivencia familiar diaria.
Tener hijos es sin duda una de las cosas más grandes que podemos hacer los seres humanos. Como todo hecho responsable, éste también implica una correspondencia ambiental.
El ambiente familiar tiene que ser de autoridad, respeto y cariño. Esto sólo se consigue mediante la presencia (física, no virtual) de los padres en la convivencia diaria y en todos los momentos importantes de la vida de los hijos de menor edad.
Intentemos que los padres compartan la dicha, la alegría y la responsabilidad de la convivencia diaria con sus hijos, dándoles la educación necesaria, para que con ella puedan ser seres humanos buenos, sociables, felices y libres.
Seamos lo que tenemos que ser: buenos padres, hoy y siempre, para tener buenos hijos. Sólo se necesita cariño y tiempo ... y también un poco de imaginación.

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