jueves, 13 de junio de 2013

La Igualdad no sirve. La Libertad sí.

Por: Antonio Domínguez
La LIBERTAD propiamente dicha es una espontaneidad. Esta consiste en seguir el derecho natural propio de un ser y en el caso de las personas consiste en seguir el movimiento que le conduzca a su felicidad personal sin daño a terceros. Debemos estar abiertos a cualquier posibilidad en el empeño de la liberación de las personas, especialmente de la mujer el ser más vigilado del mundo. Si no sospechamos nada de lo futuro y no intuimos que los cambios pueden llegar a ser asombrosos, no estaremos partiendo de lo único y de lo poco que nuestra mente pueda atisbar ahora. ¡¡Y si nos estamos auto-limitando de tal forma que difícilmente nos podamos replantear el más mínimo cambio hacia lo distinto en destino!! Si hubiéramos tenido la capacidad de ahora, hace mil años; de plantearnos, antes, lo que ahora intuimos, estaríamos saboreando sin duda, resultados que solo serán en demasiado tiempo más adelante.  Siempre me he reído del hombre promiscuo, mujeriego. Ante una mujer con necesidades, un hombre solo, es absolutamente nada. Siempre me he reído en mi interior de los individuos que declaran en público: “a mí me gustan mucho las mujeres” y lo dicen en plural, como si fueran capaces de satisfacer a toda la humanidad femenina, cuando tienen, como el más valiente, una sola mujer enclaustrada en casa, que insatisfecha, (estoy seguro) los soporta. Incluso cuando es relativamente frígida; que en tanto es un poco fogosa, saliéndose un poquito de lo normal, busca a quien la atienda, aun a sabiendas del extraordinario peligro que corren si son descubiertas. Se juegan la vida y casi siempre la pierden a manos de ese “brioso acometedor“, a manos de ese marido que tanto presume, que vilmente la asesina. Matándola (también por otros ¿motivos?), sin saberlo, como a su propio fracaso que jamás reconocerá, porque no es dada al hombre esa clarividencia en este sentido del fracaso; que lo será mayor cuanto más viva, porque será más viejo y podrá menos cosas devenidas del vigor. La incapacidad e imposibilidad de prevalecer inhiesto indefinidamente, que a todos los hombres nos ha quitado el sueño -y nos atormentó aún mas- desde que nos hicieron contraer la responsabilidad de atender a una mujer en el solitario matrimonio; sin la ayuda valiosísima; cosa que no ocurrió nunca en la tribu donde las personas se favorecían; que es lo natural, porque el hombre está medianamente preparado y bastante limitado en esa actividad concreta. ¡¡En chiquito lío se ha y han metido al hombre, la moral, sus celos estúpidos y su instinto vicioso de dueño y amo!!

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